CUANDO TODO PASE

Posted in Sin categoría on febrero 10, 2017 by Renán Alcides Orellana

Archivo de mis andares

CUANDO TODO PASE

Renán Alcides Orellana

Un día de tantos me quedaré solo

quieto

tranquilo

lúgubre

solemne

sin canto

horizontal y limpio

sin envidias/ sin reclamos

sin rencores/ sin malos deseos

Agradecido de ti mujer

por el tiempo concedido.

 

LA NAVIDAD ES PARA TODOS

Posted in Sin categoría on diciembre 24, 2016 by Renán Alcides Orellana

Archivo de mis andares

(Cuento navideño, años 60)

LA NAVIDAD ES PARA TODOS

Renán Alcides Orellana

Cuando salió de la sucursal de correos y echó a andar hacia el poniente sobre la Avenida Independencia, no reparó en la luna que a sus espaldas emergía voluminosa detrás de los tejados. Mercado Ex cuartel… Teatro Nacional… Plazuela 14 de Julio… Calle Arce…  Al llegar al parque  Hula Hula volvió la vista y la luna se le mostró en toda su dimensión sobre los edificios. La hermosa luna llena se deslizaba entre las nubes color gris azulado. Con sus mejillas gordas y chapudas, la luna le hizo recordar el rostro del abuelo. Sí, igualita, era exactamente igual al rostro bonachón del abuelo Alejandro cuando sonreía.

“Vos sabés que las buenas acciones tienen su recompensa. Pero, las buenas acciones valen sólo cuando al hacerlas dejamos de pensar en nosotros mismos…”

y el abuelo se atusaba los bigotes de patriarca repartidor de consejos sabios y extraños.

Se olvidó por un instante de la luna y observó el parque Hula Hula como vivero humano, rodeado de champas para venta de pólvora y sortijas de fantasía, que daban mayor esplendor al ambiente. Se agolparon los recuerdos. La casita familiar se le vino a la memoria. Sintió un ligero vuelco en el corazón. Sus cariños y sus ancestros de allá del pueblito le agitaban el pecho. Ah! la Villa El Rosario, en la oriental y agreste orilla cuscatleca, era un racimo de casitas en hilera, como valiosas perlas sin brillo, incrustadas en la planicie allá al pie de la montaña.   En Navidad, como tirado en desorden a la orilla del cerro, amarillento de luces artificiales desteñidas de candil y lámparas Coleman, el pueblito era una piñata de palabras dulzonas y afectos… 

Lo comparó con este cuadro del parque. Champas, bullicio impenetrable, algarabía sin rumbo, cohetillos, vocerío, “Felices pascuas”… y la luna como el rostro bonachón del abuelo. Pero, no. No era igual. Faltaba algo, mucho, todo. Para él desde hacía tiempo no existían las Navidades.

 “Son para otros, no para los solitarios del mundo”.

 Sintió en los labios algo salobre que caía de sus ojos. De la imagen del abuelo Alejandro pasó a la del otro abuelo Zenón.

“De sus nombres hicieron uno sólo para mí, este que traigo encima: Alejandro Zenón; pero, todos en el pueblo y después aquí en la ciudad me lo abreviaron y así, AZ me dieron en llamar “para que a la gente no le resultara demasiado largo”.

Hundióse más en los recuerdos. Huérfano de padre a temprana edad, con su madre echaron a andar el proyecto familiar, después de que muy joven al buen hombre de su padre le faltaron las fuerzas. Murió una tarde gris de mayo, cuando AZ contaba veinte años.

“Vos sabés que uno tiene que morir un día. Es ley de la vida. Pero, en la medida en que seas justo y honrado, así se mantendrá tu recuerdo entre las gentes. Claro, no se debe ser bueno sólo para que te recuerden. Hay que serlo porque hay que serlo…”

Luego, su viaje hacia la capital en busca de mejor suerte. Unos cuantos centavos, lo último de la familia que había desaparecido con la muerte de su padre y algunas recomendaciones, fueron su equipaje. De eso hacía algunos años. Su colocación como mozo de servicio en la sucursal de correos, su ascenso a cartero y la estimación de sus jefes por su dedicación al trabajo y a los estudios nocturnos, completaron el fugaz recorrido a lo largo de su vida.

Volvió de su abstracción. El parque Hula Hula iba como creciendo en algarabía. Trató de compartir la alegría reinante. No pudo lograrlo. La gente le resultaba extraña. Observó el reloj público de la joyería del portal. La hora estaba cerca. Debía cumplir la misión que al mediodía le encomendara su jefe.

“Hoy es Navidad y hay descanso para algunos. Vos estarás de turno hasta entrada la noche. Cuando terminés tu reparto ordinario llevás esta carta al Hospital Rosales. Es para Raul Díaz, me parece que lo conoces…”

 Claro que lo conocía. Raul era un niño con parálisis en las piernas que hacía dos meses había soportado una operación, con estoicismo y entereza.  Larga era su convalecencia. Desde entonces por azares del destino eran entrañables amigos. Los fines de semana y días libres en el trabajo, AZ iba a visitarlo al hospital.

“Vos sabés que no se debe renegar por aquello que no se puede tener. La mejor manera de honrarse uno mismo es pensando más en ser noble y bueno. Se trata de ser bondadoso y honrado, de darse siempre. Ahí está el ser. Eso sí, hay que se honrado y también  parecerlo…”

¿Cómo ocurrió su encuentro con Raul? Lo recordó detalladamente. Una tarde del pasado abril llegó al Hospital Rosales a entregar una carta.

  • Para el señor Raul Díaz, dijo al portero.
  • Shhh! Raul Díaz no es un adulto, es un niño huérfano en peligro de muerte y ningún donante de sangre se ha presentado, a pesar de los muchos llamados al público. Su tipo es RH Negativo, pero ni comprada. Pobre niño, a saber quien le escribe. Debe ser otro de tantos que lamentan no poder ayudarle. Dejáme la carta, yo se la daré…
  • Señor, yo podría ofrecerme. Soy RH Negativo, bien que lo sé…
  • ¿Te animás? Harás un bien…

Luego, la operación. Raul Díaz no sólo se salvó de una muerte segura sino que dio esperanzas de caminar algún día. Desde entonces Raul y AZ se reciprocaban especial cariño. Según los médicos y las enfermeras, Raul no era ya un huérfano solitario. Esperaba ansiosamente que terminara su convalecencia.

Ahora, AZ estaba listo para verle de nuevo, esta vez por razones de trabajo. Se intranquilizó. ¿Quién escribiría a Raul si no tenía parientes más que a él? ¿Por qué su jefe le había pedido que fuera él, precisamente, quien entregara la carta? ¿Y por qué debía hacerlo a las ocho de la noche, puntualmente, ni más ni menos?

“Es cierto que hoy es Navidad, pero las felicitaciones pueden entregarse a cualquier hora y cualquier día de diciembre…”

Sin embargo, sintió alegría porque no tendría que esperar hasta mañana para abrazar a Raul y desearle Felices Pascuas. Además, era una orden y había que cumplirla. Arriba, la luna parecía cada vez más alta.

“Vos sabés que la virtud de obedecer tiene su precio. Vos sabés que de alguien o de algo dependen nuestros actos. Los seres humanos somos iguales como seres humanos, pero en el diario vivir hay categorías. Es honroso y grande, pues, obedecer los principios y las órdenes…”

Se encaminó a su destino. El Hospital Rosales tiene siempre uno de los más bellos árboles de Navidad en todo San Salvador. Ahí, frente el portón principal, se encontraba AZ. El reloj estaba a punto de dar las ocho campanadas. Le sorprendió el gesto por demás amable del portero que, sin dar o pedir explicaciones, le invitó a pasar adelante.

“Cosa rara, hoy nadie se ha detenido a preguntarme hacia donde voy. Debe ser por la Navidad”.

Continuó avanzando.

 “Vos sabés que en Navidad todo mundo reparte regalos y afectos. No se puede ignorar la Navidad como fiesta universal de todos y cada uno”.

Entró al edificio. Buscó la sala de Raul. Escuchó voces alegres, como olvidadas de la realidad. Sintió compartir esa alegría porque no le pareció de gente extraña.

 “Está iluminada más de la cuenta. Debe ser por lo mismo: es Navidad y nadie duerme…”

Llegó hasta el umbral y de pronto una exclamación de varias gargantas al mismo tiempo. La cama del niño estaba cubierta de flores y regalos. De pie, frente a ella y muy erguido, Raul Díaz lo esperaba con los brazos abiertos y una ancha sonrisa mojada de lágrimas. A su alrededor, médicos, enfermeras, empleados y ¡vaya sorpresa! también estaban su jefe y sus compañeros de trabajo de la sucursal de correos, repitiendo “Feliz Navidad para un hombre noble y honrado”. Abrazos, lágrimas, palabras sin sentido.

El jalón de una fuerza especial hizo volver hacia el techo el rostro humedecido de AZ. En el enorme techo de tejas de vidrio para espantar la oscuridad, estaba ella. La luna, con sus mejillas gordas y chapudas igual que el rostro del abuelo, sonreía complacida.

“Vos sabés que las buenas acciones tienen su recompensa. La Navidad es para todos…”

(En una Navidad, principios década 1960).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RICARDO BOGRAND: POESÍA Y EXILIO

Posted in Sin categoría on diciembre 7, 2016 by Renán Alcides Orellana

 Renán Alcides Orellana

Ricardo Bogrand  (pseudónimo de José Antonio Aparicio) nació en San Pedro Arenales, Chinameca, San Miguel, el 21 de noviembre de 1930 y falleció en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, el 8 de agosto de 2012. Poeta y antropólogo de estirpe auténticamente revolucionaria, padeció largo exilio en México, convertido al final en autoexilio, que lo mantuvo alejado de El Salvador desde su juventud.

Bogrand fue  un luchador revolucionario contra las dictaduras militares, a las que enfrentó como persona, como profesional, como poeta. Por eso fueron, su exilio y, posteriormente, su autoexilio. Hombre de principios, por sus aspiraciones y su lucha por la causa popular, afrontó serios riesgos y se dice que, para evitárselos a su familia, optó por escribir bajo pseudónimo, para que su padre -de su mismo nombre- no corriera peligro también de persecución y cárcel. Tales eran los riesgos que sufrían entonces los intelectuales de izquierda, o ciudadanos identificados como anti gobiernistas…

“¿Conoces al poeta Ricardo Bogrand…?”, me preguntó el periodista Danilo Velado, un día a principios de los años 70.  “No, pero conozco algunos de sus poemas…”, le respondí. Estábamos en el local de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), entonces ubicada en el edificio La Dalia, frente al Parque Libertad, zona céntrica de San Salvador. Ricardo recién había regresado de su visita y permanencia en Checoslovaquia y Rusia, entre 1960 y 1970. Desde entonces, muchas fueron las reuniones para compartir café e intercambiar opiniones, sobre la literatura nacional y del mundo.

Sus regresos de México eran visitas temporales y era cuando se daban nuestros encuentros, hasta un día aciago de 1972. El 24 de marzo de ese año, hubo un intentona de golpe de Estado, contra el presidente de la República, Fidel Sánchez Hernández, que fracasó. Ricardo era muy amigo de algunos golpistas, como el coronel Benjamín Mejía y el Gordo Reyes, quienes partieron al exilio. Recuerdo que, como antecedente, un domingo después de tomar una humeante taza de café, Ricardo me pidió que le acompañara a una sesión de “recuperación social”, en los altos de un edificio en el centro de San Salvador. Quería él saludar a buenos amigos suyos.  “Vamos”, le dije. Y, con temas muy alejados a la política, confirmé su gran amistad con Reyes, uno de los que, tiempo después, intentó dar el golpe de Estado a Sánchez Hernández. Apresados unos, otros se fueron al exilio. Ricardo no. A mí, también me pareció que la acusación de golpista que le atribuían, era injusta.

Pero, el poeta Ricardo Bogrand fue apresado y estuvo 28 días incomunicado, en la Policía Nacional. Apenas se sabía de su detención.  El 28 de abril, me gradué yo en la Universidad de El Salvador (UES). Para mi  agradable sorpresa, Ricardo estaba libre. Le vi llegar y nos encontramos a la hora en que yo abandonaba la UES, y me acompañó a mi casa. Ahí supe su decisión de abandonar el país lo antes posible. Y volvió  a México. A partir de entonces, de nuevo sus visitas, muy discretas, al país. Algunos de sus amigos las compartíamos, brevemente.

En México, siguió los estudios universitarios hasta obtener el Doctorado en Antropología, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana y, cuando decidió su autoexilio, se naturalizó ciudadano mexicano, en el 2004. Por razones personales y de trabajo, dejó la capital y durante los cinco años anteriores a su fallecimiento, fue catedrático e investigador a tiempo completo en la Universidad Intercultural de Chiapas, a solicitud de su amigo, el rector Andrés Fábregas Puig. Ahí, fundó la Cátedra Martiana, que tuvo fuerte resonancia a nivel universitario y el resto del país.

Ricardo Bogrand perteneció a la generación de poetas y escritores salvadoreños, de la década de 1950. Decía que si bien la mayoría era gente de izquierda, algunos no podían considerarse como tales, por compromisos políticos; pero, en lo personal, él se autocalificaba de “izquierda hasta la muerte”. Sus poemas han aparecido en antologías latinoamericanas y en lengua rusa. Entre sus principales obras destacan: “Perfil de la raíz” (México, 1956 y San Salvador, 2001); “La espuma nace sola” (San Salvador, 1969); “Alianza de mis manos” (San Salvador, 1970); “Figuras en la arena” (México, 1988); “Vía muerta” (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1993); “La sangre desterrada”, Toluca, Estado de México, México, 2002);”Memorias de la noche” (México, 2009), obra que, según sus editores, “reúne  poemas escritos durante los primeros años de la guerra civil librada en El Salvador, entre 1980 y 1992); y “Cuaderno del 94”  (México, julio 2010), escrito entre ciudades de El Salvador y México. Este último fue escrito, según sus editores, “porque es el año del regreso a El Salvador, el país de origen, después de un prolongado exilio. Hacía dos años había terminad la guerra y empezaba el reencuentro con la nueva realidad. Muchas cosas habían cambiado y era necesario comenzar de nuevo…”

Sin embargo, después de algunos años de estadía en el país, volvió a México. Iniciamos una frecuente comunicación, ambos augurándonos buena salud y, sobre todo, para compartir temas literarios y sobre nuestra producción de libros, además de la realidad socio política nacional y mundial. Un día de junio/2011, recibí la sorpresa del  envío de sus dos últimos libros: “Memorias de la noche” y “Cuaderno del 94”, con sendas dedicatorias. Fechados en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, con similar saludo especial, uno de ellos dice textualmente “Para el poeta, escritor y periodista Renán Alcides Orellana, con un saludo afectuoso desde México, Ricardo Bogrand”. Y hasta ahí, porque la “Dama gris” del poeta Raúl Contreras, puso punto final a una honesta y productiva existencia, allá en tierra lejana.

Cierro con un recuerdo y con el siguiente poema breve, con el que inicia su último libro “Cuaderno del 94”:

REGRESO

Y regreso a la patria

porque sus mujeres

a pesar de una guerra

y sus temores

siguen siendo

perennemente dulces

(RAO).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Bogrand, 1930-2012

¡LIBROS!

Posted in Sin categoría on diciembre 5, 2016 by Renán Alcides Orellana

¡LIBROS!

Adquiera lo más reciente de

Ediciones ORCA-Orellana Calderón-

(Literatura, Psicología, Periodismo):

 

  • “RETRATOS. Antología Poética” (San Salvador, 2016),
  • “LO QUE PASA CUANDO EL TIEMPO PASA” (San Salvador, 2009) y
  • “JUICIO PARALELO” (San Salvador, 2014)

Autor Renán Alcides Orellana

 

  • “ANTES” (Narrativa, Ril Editores, Santiago de Chile, 2015) Autora Ligia María Orellana

 

  • “HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA EN EL SALVADOR, 1928-2006” (San Salvador, Primera Edición, 2005; Segunda Edición, 2006), y
  • “SER FAMILIA” (San Salvador, 2016)

Autora Leticia Calderón de Orellana

 

Adquiéralos en librerías:

  • UCA
  • LA CASITA
  • EDITORIALES LA CEIBA (Sucursales: Metrocentro Etapa 7 y Etapa 10, Galerías, El Paseo, San Miguel y Santa Ana)
  • Laboratorio Clínico BACTERIUM (Medicentro La Esperanza, Edificio I-122, San Salvador).

POEMAS BREVES 1960

Posted in Sin categoría on diciembre 5, 2016 by Renán Alcides Orellana

REENCUENTRO CON MIS POEMAS BREVES

PUBLICADOS A INICIOS DE LA DÉCADA 1960

INSTANTES

Renán Alcides Orellana

I

 

ven estoy vacío

de halagos

de afectos

de corazón

ven únete a mí

particípame de tu sangre

porque me han herido

muy hondo

 

 

II

 

voy a darte todo

sin miramientos

bastará una palabra

monosílaba

para incendiar tu pecho

de ternura

 

 

III

 

a veces

tienes mares de alegría

para mis pardos ojos

otras

me llega tu tristeza

y sufro

yo te digo:

dame siempre

una gota de amor

 

 

IV

 

tú amas a veces

y sin sentirlo

ríes

yo amo siempre

y sufro

alegremente

 

 

V

 

para mi soledad

me basta tu recuerdo

lejana tú

está mi soledad

sintiéndote conmigo

amo esta soledad

cuando tú vienes

amo esta soledad

cuando te alejas

amo esta soledad

por tu recuerdo

únicamente

 

 

RAO. San Salvador, 1963.

VOLVERÁN

Posted in Sin categoría on noviembre 7, 2016 by Renán Alcides Orellana

 

Noviembre/diciembre:

bimestre para honrar la memoria de algunas

de las víctimas de masacres, en el marco de

la guerra civil salvadoreña (1980-1992):

 

 VOLVERÁN

 

 Renán Alcides Orellana

 

Alto el cáliz de Monseñor Romero

alto el verbo de Ignacio Ellacuría

alta la luz de Rutilio como guía

de los mártires el adiós postrero.

 

Los jesuitas, las monjas, el obrero

los que cayeron por su rebeldía

desafiando desde la fe a la tiranía:

los de siempre, los del amar sincero.

 

Mártires todos que volverán un día

a demandar del tirano la osadía

de matar, de pisotear impune cada

 

fibra de la patria y su memoria.

Volverán para contar su historia

de amor, junto a la patria liberada.

 

……….

 

A la memoria de:

  • Los Padres Jesuitas y sus colaboradoras , (16 de noviembre de 1989)
  • Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Manuel Franco, Enrique Barrera, Humberto Mendoza, Doroteo Hernández, (27 de nov. de 1980)
  • La 4 religiosas de la Órden Maryknoll, (5 de diciembre de 1980)
  • Masacre de campesinos de El Mozote, Morazán, (10,11 y 12 de dic./81)
  • Tony Urbina y tantos hijos de Villa El Rosario, caídos en esos meses.
  • Y, con especial evocación, a los miles de compatriotas caídos en distintos lugares y fechas, en el marco dela guerra civil salvadoreña.

(RAO)

 

 

 

 

 

 

 

 

ROBERTO ARMIJO: SU ÚLTIMA VISITA

Posted in Sin categoría on octubre 23, 2016 by Renán Alcides Orellana

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ROBERTO ARMIJO: SU ÚLTIMA VISITA

Renán Alcides Orellana

En 1996, el poeta Roberto Armijo vino a El Salador desde Francia, donde residía. Para su presentimiento de hombre sabio, urgía aquella visita a su país, porque podría significar el último encuentro con su pueblo salvadoreño, al que tanto amó y por el que -como poeta- luchó sin medida, hasta la prisión y el destierro. Así fue. Roberto falleció en Paris al año siguiente, en marzo de 1997.

Debido a las convulsiones políticas de entonces, que significaban persecución, cárcel, destierro y hasta la muerte para los intelectuales de izquierda, en 1972 Roberto emigró a Europa y se radicó en parís, Francia, donde por sus dotes de intelectual, fue catedrático en varias universidades, sin descuidar nunca su producción literaria. En Paris enfermó gravemente y, de ahí, su visita a El Salvador.

Durante aquella breve visita en 1996, muchos de sus amigos y compañeros, compartimos momentos agradables sobre el quehacer artístico-literario, nostálgicas  experiencias académico-revolucionarias, consideraciones sobre la realidad política nacional y mundial de entonces, y el fortalecimiento de la eterna amistad. ¡Inolvidable encuentro de poesía y amistad!

Foto

Con Roberto Armijo, durante su última visita a El Salvador en 1996. De izquierda a derecha, poetas Roberto Armijo, Renán Alcides Orellana, Manlio Argueta y Tirso Canales.