CRÓNICA DE LA SALA DE LECTURA LUCAS RAÚL CHICA

Posted in Sin categoría on junio 27, 2017 by Renán Alcides Orellana

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CRÓNICA DE UN CENTRO CULTURAL

FORMATIVO Y DE ENTRETENIMIENTO:

SALA DE LECTURA  “LUCAS  RAÚL CHICA”

VILLA EL ROSARIO, DEPARTAMENTO DE MORAZÁN

Renán Alcides Orellana

Cuando, hace pocos años, mi hermano Ruddy me comentó su decisión de fundar y promover un centro cultural (biblioteca) en nuestro querido pueblo natal, Villa El Rosario, demás está decir que celebré con entusiasmo la idea. “Un sueño mío acariciado desde siempre, ahora promete ser realidad…”, pensé. Y sumé mi oferta de apoyo total.

“Aunque no cuente con apoyo alguno, lo haré solo…”, me había dicho Ruddy, seguro él, como lo estamos muchos, del poco o nulo apoyo a las cosas de la  cultura en las distintas latitudes del mundo, especialmente de la “clase” política y otras entidades. más interesadas siempre -con mínimas y apreciables excepciones- en satisfacer sus intereses personales y de su grupo. Mayor razón, entonces, para reiterarle mi apoyo total y el de mi familia, al proyecto de una Sala de Lectura.

Así, durante los inicios, definido lo que sería el proyecto, faltaba nominarlo. Debía ser con un título verdaderamente alusivo a la educación y la cultura. Convendría ponerle el nombre de un personaje valioso rosarino, tomado de entre muchos merecedores de tal reconocimiento. De ahí lo fácil y difícil al mismo tiempo. Suficientes nombres para escoger. Aprecié entonces la aceptación inmediata de Ruddy, al nombre que le mencioné, casi proponiéndoselo: Lucas Raúl Chica; por supuesto, sin subestimar nosotros a tantos otros nombres de valiosos ciudadanos -hombres y mujeres-, que han sido testimonio de amor y entrega a Villa El Rosario. Y lo dicho, el proyecto se nominaría Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”.

De la generación de Ruddy hacia acá, los rosarinos posiblemente solo por referencia han conocido a Lucas Raúl Chica. Un inteligente profesor, graduado como pocos entonces de una Escuela Normal de Maestros, que después de su ejercicio inicial en centros docentes del país, regresó a su pueblo natal para continuar enseñando en la Escuela Urbana Mixta “Pbro. José Serapio Ponce de León”, a mediados de la década 1940. Gran amigo de mis padres, persona amable y culta, fue mi maestro de Cuarto Grado en 1946. Y algo muy particular, no sólo fue mi maestro sino también mi tío y, sobre todo, alguien a quien, después de mis padres, Moisés Orellana y Ana Olivia Urbina de Orellana, debo aquella manera tan magistral de descubrir y estimular, a mis nueve años de edad, mi vocación de poeta, que ha seguido indetenible y creciente hasta hoy, y también mi amor infalible por la Literatura.

Esto último está confirmado en uno de mis más recientes libros: “JUICIO PARALELO. Mis 50 años de ejercicio periodístico 1964-2014”, San Salvador, abril 2014. Página 12, cuyo fragmento dice:

“… Ocurrió en mi natal Villa El Rosario, Morazán, al oriente del país, en 1946. Soñador del Periodismo y la Poesía como siempre he sido, un día a los nueve años, mientras estudiaba el cuarto grado, disfruté la bella sensación de ver publicados una carta y los primeros versitos míos, en la página literaria “El Mundo de los Niños”, del semanario “El Magazine” de San Salvador. Antes, yo había enviado una carta, atendiendo invitación general del periódico a los escolares salvadoreños.

– Todos los alumnos de educación primaria a nivel nacional -decía la invitación- pueden enviarnos y solicitar la publicación de sus trabajos de literatura o dibujo.

Y ahora, en mi caso, ver publicados la carta y el poema era la mejor y más alentadora respuesta. Satisfecho como yo, el maestro del grado Lucas Raúl Chica, quien también era mi tío y había estimulado mi idea de escribirla, sonreía disparando elogios.

– Ya ven, todo está en querer lanzarse al agua para aprender a nadar…, -dijo satisfecho el maestro”…

De ahí, mi satisfacción por la decisión de mi hermano de nominar  “Lucas Raúl Chica”, a la Sala de Lectura. Justo recordatorio a un maestro fallecido prematuramente, cuando su capacidad didáctica tenía mucho más que ofrecer a las generaciones rosarinas y del país. Una doble satisfacción que ha de ser apreciada por el pueblo rosarino: la facilidad para una formación cultural a través de los libros y el recordatorio justo, a la memoria de uno de los rosarinos distinguidos del Siglo pasado -Lucas Raúl Chica- cuyo nombre identifica a la Sala de Lectura.

A partir de entonces, fui testigo de las gestiones propias de las necesidades del proyecto -enormes sacrificios personales de Ruddy- para echarlo a andar: búsqueda del local, captación de libros, mobiliario, negativas de apoyo, contactos solicitando colaboración a rosarinos de dentro y fuera del país (casi siempre desalentadores, salvo el de algunos pisanos amantes del progreso y la cultura)… Y luego, la creación del Comité Gestor/Organizador con funciones ad honores, ahora sobreviviendo y haciendo sobrevivir el Proyecto, en medio de privaciones económicas y de toda índole.

Bajo la coordinación de Ruddy Orellana, este Comité, integrado por Wilmer Hernández, Claudia Jenny Romero, Basilia Blanco de Amaya, Sonia Beltrán, Iris Aracely Amaya Chica, Petronila Chica y Belky Amaya Blanco, tiene la delicada responsabilidad no solo de captar fondos para el funcionamiento del proyecto, sino también la de motivar al hábito de la lectura, entre las actuales y futuras generaciones de rosarinos. De ellos, Belky es la bibliotecaria, con funciones de atender el control y las solicitudes de libros, cargo que demanda buena voluntad y entrega, para solventar las dificultades propias de una biblioteca. Su antecesor y primer responsable de la Sala, Josué Alemán, también lo desempeño con dedicación y eficiencia.

Pero la Sala no se ha quedado ahí, en un centro simplemente facilitador de libros de todas las temáticas y para las diferentes edades. Ahora los chiquillos y los jóvenes pueden mejorar y ampliar sus conocimientos, mediante la práctica de actividades colaterales, como computación, manualidades, proyecciones artísticas y quizás hasta lograr la validación de horas sociales, para completar su pensum estudiantil, según los niveles educativos que las requieran.

Por todo lo expuesto, para el auténtico rosarino debe ser muy satisfactorio contar con este oasis cultural que, aunque de manera discreta y entre esfuerzos del grupo que lo impulsa, sigue ampliando pequeños horizontes de superación y entretenimiento para quienes de veras aman el progreso, el arte y la cultura.

Yo, como rosarino, como escritor y periodista y, sobre todo, como amante incorregible de la lectura, celebré y apoyé la idea/creación de la Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”, en mi pueblito natal Villa El Rosario, y lo seguiré haciendo junto con mi familia, porque la experiencia de toda una vida nos ha demostrado que la lectura y la formación integral, son factores infalibles para el logro de la superación personal y cultural de los seres humanos.

Si bien, el peso de mis cansados años -toda una vida entregada al Magisterio, al Periodismo y la Literatura- unido a un grave quebranto de mi salud, me mantiene “como ausente” de mi tierra natal, nada impide que, desde mi aislamiento y con el fervor de siempre, mis ideas y acciones personales y profesionales sigan pendientes  del ser y acontecer de mi pueblo y, dentro de ello, desde luego, los deseos del mantenimiento, conservación y larga vida para la Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”, como importante bastión cultural que contribuye al mejoramiento integral de la querida población de Villa El Rosario.  (RAO, 2017).

 

 

 

 

 

 

LAS FALACIAS DE TODA CAMPAÑA POLÍTICA

Posted in Sin categoría on junio 21, 2017 by Renán Alcides Orellana

 

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LAS FALACIAS DE TODA CAMPAÑA POLÍTICA

Renán Alcides Orellana

El falaz estribillo de los candidatos a diputado: “me lanzo por amor a mi país” o “me lanzo porque quiero sacar a mi país del atraso en el que vive”, no lo cree ni el más dundo habitante del planeta. Ni de El Salvador tampoco. Lamentablemente, aquí  todavía hay mínimos sectores que no sólo le hacen el jugo a ese candidato, sino que hasta se lo creen -o se hacen- por conveniencia, porque al resto de ciudadanos honrados -que es la mayoría- estas expresiones le asquean.

Igual, las visitas de los candidatos a los mercados y lugares públicos -donde converge el pueblo humilde- en las que se dedican a abrazar a ancianos o a alzar en brazos a niños tiernos, ofende y golpea la conciencia popular, porque es la hipocresía disfrazada de demagogia, que mañana se reflejará en todas las promesas incumplidas,  cuando -como ocurre siempre- el candidato disfrute para sí solo y para su partido, las prebendas y los privilegios que dan los cargos públicos, cuando quienes los ejercen son adictos al abuso y la corrupción; es decir, casi todos…

Porque, que los hay capaces y honrados, los hay… pero contados con los dedos de las manos, sobran dedos…

Esas burdas acciones electoreras y otros desaguisados políticos, son parte de violaciones y de peor menosprecio, que atentan contra la dignidad e inteligencia de los salvadoreños, tales como llevar a esos cargos a candidatos que no cumplen con los requisitos constitucionales, para que al final se vean los resultados de corrupción, abuso de poder y manoseo de la cosa pública, como tantos casos que han proliferado -y sin duda seguirán proliferando- para tragedia del pueblo honesto.

Como aquí las leyes parecen dictadas para violarlas y en el mejor de los casos, para simplemente ignorarlas, no ha sido extraño que la misma Constitución de la República de El Salvador -la Carta Magna- haya sido y siga siendo violada constantemente.  Para mayor y más significativo ejemplo, lo relativo a la exigencia de “notoria honradez e instrucción” a todo candidato a diputado, que rara vez se cumple.  Textualmente, el Art. 126 de la Constitución, dice: “Para ser elegido Diputado se requiere ser mayor de veinticinco años, salvadoreño por nacimiento, hijo de padre o madre salvadoreño, de notoria honradez e instrucción (el subrayado es mío) y no haber perdido los derechos de ciudadano en los cinco años anteriores a la elección”.

El lector sabrá analizar esos requisitos y confrontarlos con las 84 curriculas que forman y formarán el Pleno y, sin duda, solo por generosidad, aceptará unos cuantos como válidos. Aparte de los ya conocidos que nunca hablan y a penas, semidormidos,  solo levantan la mano, están los mismos de siempre en los programas de TV, pero todos -o casi todos- sin la cobertura total del requisito de honradez e instrucción notorias. En esto, siempre hay excepciones de diputados que merece estar ahí. El pueblo honesto votará por ellos aunque tenga que hacer un estudio meticuloso entre tanto “aspirante a servir a su país”. Y es que a la Asamblea se llega, bien por la capacidad de cubrir los gastos de su campaña, por la tradicional rueda de caballitos, por popularidad en los medios por hazañas deportivas o comunicacionales (loable y apreciable servicio al país, pero hasta ahí); por nepotismo, por compromiso político, o simplemente por amistad… Nada de inventos, nada que ver con algún interés de perjudicar a alguien o a un grupo. Es la realidad que está ahí y que, por lo visto, seguirá ahí…

Viene la nueva campaña para elegir diputados y alcaldes, período 2018-2021; y como, “gracias a la democracia partidaria”, por lo lo visto ya los candidatos están siendo “elegidos por las bases” (¿cuál zapato?) y siendo como son casi los mismos, pues tendremos más de lo mismo. El pueblo los calificará de nuevo con 4.50… ¿y eso qué, verdad). Lo importante es no perder la costumbre de lo rentable del cargo…

Pero, ahora que están de moda los cambios físicos, gracias a la ciencia (cirugía plástica), una loable concesión de alivio al sufrido pueblo sería: que esa cirugía se convirtiera en requisito para ser diputado (especialmente para los que van reenganchados), para que sus rostros sean un poco más digeribles, aunque sus acciones antipopulares sigan siendo “más de lo mismo”… (RAO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANTIELEGÍA SIN FIN PARA MI MADRE

Posted in Sin categoría on mayo 1, 2017 by Renán Alcides Orellana

 

Renán Alcides Orellana

yo no vengo a decir por tu muerte una elegía

me niego al llanto más simple al gemido más sencillo

tal como vos –mujer de fe- me lo enseñaste

¿cómo decir entonces que sufro sin medida

cuando la realidad es que un adiós como tu adiós

no es otra cosa que tu amor presente y su creciente huella?

 

incapaz de olvidar hasta el último detalle

hasta en esa manera de morir

como pasar de un sueño a otro

fuiste tan considerada

y cómo no

si tu alma nunca fue un arcón para guardar resentimientos

 

ahora estás allá

nos separan acaso las constelaciones

qué tal? cómo te fue? cómo llegaste?

cómo están mi papá Vilma Toñín y los abuelos?

juntando cuentas estrella por estrella te imagino

para no perder tu costumbre

de siempre estar haciendo algo

 

aquí las cosas no cambian empeoran

y duele ver tantas muertes tan distintas a la tuya

a diario a toda hora en cada sitio incontenibles

tenías razón

sólo se vive y se muere en paz cuando el amor es puro

valga de ejemplo tu propio testimonio

 

por eso

yo no vengo a decir por tu muerte una elegía

yo vengo mamá Olivia a cantar de gozo por el gozo

de tu misión cumplida

 

(1983, horas después del

vuelo supremo de mi madre).

POEMA INVIERNO Poeta Rosales y Rosales

Posted in Sin categoría on abril 12, 2017 by Renán Alcides Orellana

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“Para otros dieron lana las vicuñas…”

DENUNCIA ETERNA DEL POETA

VICENTE ROSALES Y ROSALES

Renán Alcides Orellana

El recordado poeta-maestro-amigo Vicente Rosales y Rosales (1894-1980), con punzante pluma y desbordada sensibilidad, describió la realidad socio-política-cultural de entonces, presagiando también la dura realidad nuestra de cada día, con el siguiente poema:

INVIERNO

Vicente Rosales y Rosales

Brumoso el ideal la carne inerte

para otros dieron lana las vicuñas

en este invierno macho de la muerte

cuantos nos vamos a comer las uñas.

 

Tres meses de hospital a leche cruda

o terminar mendigo y con muletas

esta noche dormirás desnuda

mientras se mueren de hambre los poetas.

 

Se citan casos extraordinarios

seres que el hambre asesinó siniestro

con estas cosas se hacen hoy los diarios

tal vez mañana se mencione el nuestro.

Con este poema, Rosales y Rosales al denunciar la realidad de entonces,  premonizaba la crisis integral que hoy sufre la población, en el marco de una sociedad a merced del sometimiento y la pobreza galopantes, por obra y gracia del crimen y los malos políticos (especialmente los abusadores y los corruptos). Y de paso, agregue usted los fenómenos naturales, ensañándose con la población  más desvalida.

Quién sabe si el poeta hubiera soportado este estado de dolor que presagió en su canto. En medio de su noble ancianidad, con paso inevitable hacia el final, su delicada sensibilidad se resistía al llanto, ante la indiferencia social hacia los poetas. Una realidad que, como él lo premonizara, sigue y seguirá vigente en el contexto social del país, mientras existan tantos compatriotas “comiéndose las uñas” (necesidad de todo), por este “invierno” (crisis social) tan despiadado, que arrasa con todo, hasta con los valores humanos y la cultura. Y todo porque, en gran medida, “para otros dieron lana las vicuñas” (los políticos corruptos, una impune, imparable y destructora plaga con visión arribista, lucrativa y anti-popular)…  (RAO).

 

 

 

 

 

VOLVERÁN

Posted in Sin categoría on marzo 30, 2017 by Renán Alcides Orellana

 

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VOLVERÁN

 Renán Alcides Orellana

Alto el cáliz de Monseñor Romero

alto el verbo de Ignacio Ellacuría

alta la luz de Rutilio como guía

y de los mártires el adiós postrero.

 

Los jesuitas, las monjas, el obrero

los que cayeron por su rebeldía

desafiando desde la fe a la tiranía.

Los de siempre, los del amar sincero.

 

Mártires todos que volverán un día

a demandar del tirano la osadía

de matar, de pisotear impune cada

 

fibra de la patria y su memoria.

Volverán para contar su historia

de amor, junto a la patria liberada.

SEPELIO DE MONSEÑOR ROMERO

Posted in Sin categoría on marzo 30, 2017 by Renán Alcides Orellana

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INDESCRIPTIBLE SUCESO:

SEPELIO DE MONSEÑOR ROMERO

30 de marzo de 1980

Renán Alcides Orellana

“…  El sepelio de Monseñor Romero, el 30 de marzo de 1980, fue otro acontecimiento que enardeció corajes e incendió conciencias, seis días después del asesinato (24 de marzo). La indescriptible multitud, mezcla de dolor e indignación, llenaba por completo la Plaza Barrios, frente a la catedral Metropolitana en el centro de San Salvador. Las aceras del Palacio Nacional y de los edificios que rodean la plaza, abarrotadas de gente eran el marco de aquella impresionante concentración. Con varios acompañantes, nos ubicamos en un predio justo frente a la entrada principal de la Catedral, lugar donde se había erigido el altar para la misa fúnebre. Una tensa calma, sin visos hasta entonces de posibles e inquietantes brotes de violencia, gravitaba en la plaza y sus contornos, al inicio de la misa. Un árbol enorme nos regalaba abundante sombra.

Llegó la hora de la homilía. Monseñor Ernesto Corripio Ahumada, Obispo mexicano venido exclusivamente al funeral, pronunciaba frases relacionadas con el sacrificio y hacía referencia particular al martirio de Monseñor Romero. De pronto una explosión, o varias. El sobresalto de todos fue unánime, especialmente de los que estábamos más próximos a la entrada de la Catedral. Pareció que en un sitio vecino al Palacio Nacional o al predio universitario, habían estallado lo artefactos explosivos. También se escucharon disparos que, posteriormente, se adjudicaron a Guardias Nacionales apostados en la planta alta del Palacio Nacional. Confusión total, tremenda. Y lo esperado, la gran desbandada sin sentido y sin brújula. La gente trataba de huir atropellándose, todos buscando una salida entre aquel mar humano, cada vez más descontrolado y horrorizado. Los que pudieron ingresaron al templo saltando los muros laterales, otros tuvimos que buscar la calle más apropiada y libre. Frente a la Catedral había cuerpos desvanecidos o heridos por los golpes de quienes intentaban correr y gran cantidad de zapatos y otros objetos personales, tirados sobre el pavimento. En el interior del templo, quienes pudieron acompañaron al Obispo Mártir a la hora de su sepelio.

Puestos a salvo los de mi grupo acompañante y yo, en horas del mediodía regresamos a nuestras casas. Por la tarde, contra todo riesgo, por curiosidad personal y periodística, volví al sitio del suceso y, además, porque desde la mañana el estacionamiento contiguo al parque San José había sido bloqueado y mi vehículo, obligadamente, había quedado secuestrado. En ese sector, el saqueo de almacenes pequeños, especialmente de electrodomésticos, era evidente. Televisores u otros enseres eléctricos al hombro, los saqueadores actuaban con libertad e impunidad. Con vestigios todavía del hecho, sobre el escenario frente a la Catedral gravitaba una sensación de reclamo social, de angustia y tristeza. La gente que por alguna razón es de permanencia diaria en la plaza, seguía comentando lo ocurrido, con evidente ira e impotencia. Un suceso más, producto del caos y la ingobernabilidad, atribuido al ejército y a grupos paramilitares…”

(Fragmento de mi libro “LO QUE PASA CUANDO EL TIEMPO PASA”,  San Salvador, 2009, Páginas 268-269)

VOZ Y METÁFORAS SANTIFICADAS

Posted in Sin categoría on marzo 3, 2017 by Renán Alcides Orellana

Beato Oscar Arnulfo Romero: en el mes de su martirio (marzo/1980); y en el año del centenario de su nacimiento (agosto 1917-2017)

 

BEATO OSCAR ARNULFO ROMERO:

VOZ Y METÁFORAS SANTIFICADAS

 Renán Alcides Orellana

 La noticia no llegó ni antes ni después, llegó justo a tiempo. El obispo Vicenzo Paglia, enviado papal, y postulante de la causa de beatificación de Monseñor Romero, la trajo emocionado, el 11 de  de 2015. Por medio del visitante, el Papa Francisco ratificaba la beatificación/santificación que, como San Romero de América, el pueblo salvadoreño ha otorgado a su pastor Oscar Arnulfo Romero, desde ya hace varios años. Están excluidos, sin embargo, los autores intelectuales y materiales de su muerte, los encubridores y los correligionarios que -aun llamándose católicos- cohonestaron con el vil  asesinato, por obediencia partidaria.

Con la llegada del obispo Paglia, ha quedado confirmado el boicot contra la beatificación, sin duda orquestado entre autoridades eclesiales de Roma y fuerzas oscuras y oscurantistas de El Salvador. “La causa de Romero parecía una barca en medio de una terrible tempestad”, declaró el obispo Paglia, refiriéndose a “los obstáculos que el proceso enfrentó desde 1997, cuando la diócesis de San Salvador lo propuso a la Santa Sede”. La realidad pura iba a aflorar un día: nunca Monseñor Romero marxista, pero si fiel siervo de Dios y servidor de los desposeídos. Tuve el privilegio de conocer su nombre en mi niñez, entre Ciudad Barrios y Villa El Rosario, mi pueblo natal. Después, en San Miguel 1947-1948 y, finalmente, en San Salvador, desde mi condición de periodista hasta ser uno de los testigos de la causa para su beatificación.

Por eso, doy fe de que su voz, humanamente santificada, se volvía trueno sagrado al denunciar los abusos del poder político y económico, que tenía postrados de hinojos a sus hermanos campesinos y obreros. Como voz hiriente sin espada, su denuncia incomodaba y enfurecía el ego de los poderosos. Pero también, en sentido opuesto, profundizaba con amor el tono metafórico de su voz hacia los humildes, al enunciar y describir cada una de las parábolas de su Divino Maestro.

Era su dualidad pastoral: la fuerte denuncia contra los poderosos y el tierno enunciado a los pobres; en ambos casos, para ayudar a entender mejor la palabra de Dios. Así, su timbrada y metafórica voz, enunciadora del Evangelio y denunciadora de las injusticias, resultaba fraterna al oído de los humildes, mientras incomodaba e inquietaba a los poderosos, que, desesperados, decidieron que la única manera de que aquella voz no siguiera atormentando sus oídos -como atormentó la voz de Juan El Bautista a Herodes Antipas- era asesinándolo. Y lo hicieron, lo mataron. Fue el aciago día 24 de marzo de 1980…

 UNA MUERTE ANUNCIADA

Desde antes del asesinato había signos que anticipaban tragedia. Monseñor Romero presentía su muerte. En una entrevista que concedió tres semanas antes del crimen, precisamente durante los días más difíciles de amenaza y represión, como una premonición evangélica, Monseñor Romero, como para dejar constancia del inminente peligro que corría, había dicho unas palabras proféticas:

– Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás…

En una homilía, días después también habría dicho:

– Que mi sangre sea semilla de liberación.

Y en otra:

– Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño…

Esta frase yo la incorporé en un poema,  que publiqué en ocasión del 25 aniversario del asesinato de Monseñor, en marzo de 2005:

CRONICA A LA LUZ DE

UN ANIVERSARIO MARTIRIAL

(Fragmento)

II

Predicador de las bienaventuranzas

y de la buena nueva ámense los unos a los otros

te diste entero Oscar Arnulfo;  sin reservas,

sin condiciones, con ofrenda total de tu martirio.

Como Jesús demandaste respeto a la casa del Padre,

casa del campesino y del obrero. Echaste a latigazos

a los mercaderes del oprobio y la injusticia.

Y resonó desafiante por los aires tu sentencia:

– En el nombre de Dios, pues, y en nombre

de este sufrido pueblo, cuyos lamentos

suben hasta el cielo cada vez más tumultuosos,

les suplico, les ruego, les ordeno ¡Cese la represión!…

Así sellaste tu suerte. Tu anticipada muerte.

Para que se cumplieran las insagradas escrituras del tirano:

“Haga patria, mate a un sacerdote”. Igual que el Maestro

irías a la muerte. Y una muerte de fusil para alentarnos.

Tu voz profética se alzó sobre las sombras:

– Si me matan resucitaré en mi pueblo.

Y lo hicieron: te mataron.

Y lo hiciste: resucitaste en medio de nosotros…

 

ANTECEDENTES

El 11 de marzo de 1977, durante el período presidencial de Arturo Armando Molina, la Guardia Nacional asesinó al padre Rutilio Grande en la zona de Aguilares y El Paisnal, al norte de San Salvador. El padre Rutilio encabezaba un grupo de sacerdotes y laicos, quienes mediante un intenso trabajo pastoral acompañaban a los campesinos en su organización y reclamos de mejores salarios y mejores condiciones de vida. Varias organizaciones campesinas, como la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) y la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y numerosas Comunidades Eclesiales de Base (CEB), surgidas y creciendo a nivel de América Latina con el acompañamiento de la Iglesia Católica, mediante un trabajo eficiente y sostenido creaban nuevos estados de conciencia, especialmente en el ámbito rural, en su lucha por la reivindicación campesina.

La muerte del padre Grande hirió hondamente al nuevo Arzobispo, como lo herirían en su oportunidad otros crímenes del ejército salvadoreño contra varios sacerdotes, religiosas y catequistas, fieles como él a la verdad y al Evangelio. Monseñor Romero exigió justicia, sin que fuera oído. El 1 de junio de ese año asumiría la presidencia de la República el general Carlos Humberto Romero, producto de evidente fraude cohonestado por su antecesor Molina. Monseñor Romero se negó a participar en los actos de toma de posesión presidencial del general Romero..

– Mientras no haya avances y buena disposición del gobierno para investigar el asesinato del padre Grande y demás crímenes, yo no acompañaré al Ejecutivo en este y otros actos-, proclamó con sentido profético el Arzobispo Romero.

Y no lo acompañó. Ese sería el inicio de un conflicto entre el Gobierno y Monseñor Romero. Aparte de dos o tres obispos, consecuentes con los ideales y la acción pastoral de Monseñor Romero, el resto de la jerarquía no sólo le contrariaba sino que lo adversaba, como muestra franca de connivencia con el gran capital oligárquico y su excluyente modelo socio económico y de injusticias, contra la población más humilde. Algunos de los llamados grandes medios de comunicación hacían el juego al gran capital, igual que ahora. El poderoso bloque económico, político y comunicacional, condenaba al Arzobispo y a su pueblo.

A partir de entonces, Monseñor Romero increparía al régimen de turno, por las constantes violaciones a los derechos humanos de muchos salvadoreños y reclamaría por los sacerdotes, catequistas y ciudadanos honrados, que habían sido asesinados. Monseñor venía enfrentando estas acciones con palabra fuerte y reclamando justicia, aún a costa de los enormes riesgos que implicaba su denuncia. Era su compromiso cristiano de ser la voz de los sin voz; es decir, vocero de los desposeídos que clamaban justicia ante las arbitrariedades y abusos institucionales…

Para 1980, desatada la guerra interna, la mayor preocupación de los Estados Unidos, en su política hacia El Salvador, estaba relacionada con la constante violación a los derechos humanos, que planteaba expectativas sombrías por la inconformidad popular, dentro de la cual era relevante el papel de denuncia evangélica de los activistas religiosos, que acompañaban al pueblo en sus demandas.

En ese marco, el 24 de marzo de 1980 se da el incalificable asesinato del Arzobispo Romero, cuya muerte generó luto general e incontables protestas a nivel nacional e internacional, con demandas posteriores por la impunidad del crimen. Un día antes, el 23 de marzo, durante una misa en la Basílica del Sagrado Corazón, en el centro de San Salvador, precisamente cuando la cantidad de asesinados y desaparecidos por el ejército salvadoreño ascendía a millares y parecía incontenible, Monseñor Romero, con su anuncio del Evangelio y su denuncia de las injusticias, con grito profético había clamado desde el púlpito:

– En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!

Al día siguiente, mientras Monseñor Romero oficiaba una misa en en la capilla del Hospital Divina Providencia, una bala explosiva procedente de un fusil calibre 22, equipado con mira telescópica y disparada por un tirador experto, le ocasionó la muerte. Yo estuve en el sitio del crimen, minutos después del disparo mortal. Cuando Monseñor Romero, aún con vida, era trasladado a la Policlínica Salvadoreña, falleció. El bloque anti patria y anti pueblo, en su voracidad de poder y explotación represiva, había dado duro golpe al corazón del pueblo salvadoreño…

Pero hoy, coincidentemente con otra Semana Santa, la noticia que el Papa Francisco ha mandado a este sufrido pueblo, es de resurrección… la resurrección en medio de su pueblo de Monseñor Romero, ahora Beato Oscar Arnulfo, como él mismo lo había premonizado… (RAO)