NOVIEMBRE DE 1980: MI EXILIO EN PANAMÁ

Archivo de mis andares

MEMORIAS: NOVIEMBRE DE 1980

MES DE PERSECUCIÓN Y EXILIOS

Renán Alcides Orellana

… I. Era 1980. Iniciaba el duro período de la guerra, que durante más de doce años, entre 1980 y 1982, causó miles de muertos, destruyó la infraestructura casi total del país y provocó la persecución, cárcel, destierro y muerte de miles de salvadoreños. Los periodistas de todas las esferas y niveles éramos el blanco perfecto; y los sicarios, dígase escuadrones de la muerte, no perdonaban a quien se atreviera a decir algo que contrariara a los dueños del poder.

Algunos escritores y periodistas no fuimos la excepción. Muchos funcionarios destacados por su voracidad de poder, también aprovecharon la confusión e incertidumbre reinantes para perjudicar a honestos empleados y ciudadanos, promoviendo su destierro desde la sombra. Tal fue mi caso. El tiempo registrará autores y efectos. Como periodista, de pronto sentí en riesgo mi seguridad personal. Si como ciudadano no me quedaba más opción que el destierro, como periodista menos. Opté por el autoexilio. Y hacia Panamá partimos Leticia y yo, el 21 de noviembre de 1980.

Leticia, mi compañera total, también había optado por dejarlo todo para acompañarme en los inicios de mi destierro. Fue un viaje cargado de emociones y nostalgias. Aterrizamos en Tocumen, aquel día soleado de noviembre…

… II. Nos dispusimos a intentar vivir. Había que buscar trabajo. Nuestras energías se concentraron en la búsqueda y, en medio de una enorme pena moral, en tratar de administrar con sabiduría la nostalgia por nuestros hijos y por el país. En el Sindicato de Periodistas de Panamá, su secretaria general, Norma Núñez Montoto, me expresó su solidaridad, pero también la imposibilidad de un trabajo para mí, por mi condición de extranjero.

– Hay desempleo de periodistas en Panamá. Primero hemos de luchar por los compatriotas…-me dijo Norma con tono muy amable.

… III. El destierro seguía, burlón, implacable. La mañana del 5 de diciembre, recién me había enterado del asesinato en San Salvador de los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR), secuestrados el 27 de noviembre en el Colegio Externado San José y asesinados en la periferia de la capital. Visité la oficina de varios poetas y escritores, con el mismo discurso.

– No puedo regresar a El Salvador, ¿te has enterado de la masacre de…? -comencé a expresar, sin ocultar mi confusión angustiada.

– Sí, sí, hombre. Lo siento de veras…-decían todos. -A ver qué podemos hacer, debes conseguir un empleo y no pensar en volver a tu país, por lo menos por un tiempo.

Noticia de impacto en El Salvador, extendida por el mundo, había sido el secuestro seguido de asesinato de los dirigentes del FDR. Un comando del ejército, al estilo escuadrones de la muerte, los capturó mientras celebraban una reunión de trabajo en el Colegio Externado San José. Los secuestrados y posteriormente asesinados fueron Enrique Álvarez Córdova, presidente del FDR; Juan Chacón, del Bloque Popular Revolucionario (BPR); Manuel Franco, de la Unión Democrática Nacionalista (UDN); Humberto Mendoza, del Movimiento de Liberación Popular (MLP); Enrique Barrera, del Movimiento Nacional  Revolucionario (MNR); Doroteo Hernández, de la Unión de Pobladores de Tugurios (UPT), José María Maravilla  y Francisco Barrera, representantes de otras organizaciones sociales. Varios días después, sus cadáveres fueron encontrados con señales de tortura, en las proximidades del lago de Ilopango, cerca de San Salvador.

Y yo, en Panamá, decidido a continuar mi exilio, aun desempleado.

– Difícil conseguir empleo…- me expresaban los amigos panameños.

Siempre, el círculo vicioso que impide trabajar a todo inmigrante. Si solicita trabajo le piden que muestre el permiso, pero como no lo tiene no hay oferta de trabajo; por el contrario, como no hay oferta le es casi imposible obtener el permiso. En mi caso, a lo anterior agregaba mi condición de exiliado; y más aún, de refugiado con protección de Naciones Unidas (ANUR).

… IV. Seguíamos Leticia y yo en la búsqueda de un trabajo para mal comer y mal sobrevivir. Un día de tantos, motivado por un anuncio en el periódico, solicité el trabajo como corrector de pruebas en la Editora Renovación Sociedad Anónima (ERSA), impresora de los periódicos La Estrella, Crítica y La República.

– Voy a ERSA por lo de este anuncio, tal vez haya una oportunidad…-dije a Leticia, y dejándola con sus plegarias, salí hacia Vía España.

Logré la entrevista y el trabajo. Se me instaló en una pequeña mesa de madera, con cuartillas para corregir y un lápiz. Como película, en segundos recordé mis últimos trabajos con alguna comodidad en medios impresos y, de golpe, me fui a mis inicios como corrector de pruebas en periódicos de San Salvador, en 1963. Entonces, añoré las condiciones para el trabajo de corrección de pruebas que yo había desempeñado. Y más, las condiciones posteriores en redacción y dirección en periódicos y oficinas de Prensa de mi país. De aquello, ahora en 1980, hacía ya muchos años. Pero, tenía trabajo, ¿Qué más daba? Algo era algo.

– Ya la hice…-comencé a pensar, sin oculta mi regocijo.

Pero ¡pum! en unos minutos la pompa de jabón reventó. Y todo porque yo era un exiliado, sin papeles. Hecho que yo parecía haber olvidado. Ellos no y, de pronto, la reacción del gerente, justo cuando me disponía a iniciar la tarea:

– No comience…-llegó a decirme hasta mi mesa. -Lo siento, pero no hay trabajo para usted… -me dijo y añadiendo una explicación que apenas entendí, pero que se relacionaba con la situación de mi país en guerra, dio la vuelta y se fue a su oficina.

Minutos después, desconcertado y sin poder aceptarlo del todo, caminaba sobre Vía España deseando que el camino se alargara, porque no quería ser portador de más malas nuevas a Leticia, aunque  nuestra buena relación de tantos años se debe a que siempre lo compartimos todo. Lo bueno, lo malo y hasta lo feo.

– Calma. No debemos desesperarnos, Dios proveerá… -me dijo con su fe de siempre, en medio de un fuerte abrazo.

 

– Cierto… -le respondí. -Lucho contra dos motivos adversos: uno, no tener permiso de trabajo; y dos, la desconfianza por mi condición de exiliado de un país en guerra.

– Exiliados y sin trabajo…-reflexionó ella.

– Y con el agravante de ser salvadoreño… -concluí alentador, parafraseando un verso de Roque Dalton en su Poema de Amor.

… V. La pena y la incertidumbre eran agobiantes. Sólo quien ha sufrido destierro obligado será capaz de entenderlo. Pero, Leticia y yo contábamos ya con verdaderos amigos panameños, amigos con quienes hasta hoy mantenemos comunicación frecuente. Aquello nos alentaba, como nos alentaba la posibilidad de que, por esfuerzo familiar, nuestros hijos pudieran arribar a Panamá, por lo menos antes de Navidad. Tenía presente siempre las palabras de Carlos González de la Lastra cuando, en los días de mi llegada, en su oficina de director del diario La Prensa, me había invitado a reflexionar.

– Debes tener en cuenta que los exilios son elásticos, uno no sabe si estiran o encogen -me había dicho Carlos. -Ten calma, el tiempo es el mejor aliado.

Y de veras, siempre lo fue…   (RAO).

 

(De mi libro JUICIO PARALELO, San Salvador 2014, páginas 178-183.

-Adquiéralo en  librerías:

La Ceiba

UCA

La Casita

Negocios de Oriente (San Miguel) y

Laboratorio Clínico BACTERIUM, Medicentro La Esperanza  27 Av. Norte Edif. “I” 122, frente a hospital Farela, San Salvador)

…………………………

De aquella difícil experiencia, un recuerdo:

 EXILIO

 

Renán Alcides Orellana

 

No era punto ciego el aeropuerto,

pero el viaje era viaje clandestino.

“Duro pan el exilio”. El nuevo destino

barruntaba otra patria, suelo incierto.

 

Preferible era huir antes que muerto

caer de madrugada. Así el camino

se hizo. En ristre el cayado peregrino

anclado fuí en Panamá, seguro puerto.

 

Y ahí estaban -siempre están- los amigos,

los poetas y la gente. Testigos

el Cerro Ancón de Ascanio Arosemena,

 

Punta Paitilla, Vía Central, Chorrillo

el abrazo panameño hice mío,

hasta el fin del exilio y su condena

 

(De mi más reciente libro SONETOS A MEDIA   LUZ – Segunda Edición,  San Salvador, octubre 2917.

Adquiéralo en: Laboratorio Clínico BACTERIUM, Medicentro La Esperanza  27 Av. Norte Edif. “I” 122, frente a hospital Farela, San Salvador).

(RAO)

 

 

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