CRÓNICA DE LA SALA DE LECTURA LUCAS RAÚL CHICA

Archivo de mis andares

CRÓNICA DE UN CENTRO CULTURAL

FORMATIVO Y DE ENTRETENIMIENTO:

SALA DE LECTURA  “LUCAS  RAÚL CHICA”

VILLA EL ROSARIO, DEPARTAMENTO DE MORAZÁN

Renán Alcides Orellana

Cuando, hace pocos años, mi hermano Ruddy me comentó su decisión de fundar y promover un centro cultural (biblioteca) en nuestro querido pueblo natal, Villa El Rosario, demás está decir que celebré con entusiasmo la idea. “Un sueño mío acariciado desde siempre, ahora promete ser realidad…”, pensé. Y sumé mi oferta de apoyo total.

“Aunque no cuente con apoyo alguno, lo haré solo…”, me había dicho Ruddy, seguro él, como lo estamos muchos, del poco o nulo apoyo a las cosas de la  cultura en las distintas latitudes del mundo, especialmente de la “clase” política y otras entidades. más interesadas siempre -con mínimas y apreciables excepciones- en satisfacer sus intereses personales y de su grupo. Mayor razón, entonces, para reiterarle mi apoyo total y el de mi familia, al proyecto de una Sala de Lectura.

Así, durante los inicios, definido lo que sería el proyecto, faltaba nominarlo. Debía ser con un título verdaderamente alusivo a la educación y la cultura. Convendría ponerle el nombre de un personaje valioso rosarino, tomado de entre muchos merecedores de tal reconocimiento. De ahí lo fácil y difícil al mismo tiempo. Suficientes nombres para escoger. Aprecié entonces la aceptación inmediata de Ruddy, al nombre que le mencioné, casi proponiéndoselo: Lucas Raúl Chica; por supuesto, sin subestimar nosotros a tantos otros nombres de valiosos ciudadanos -hombres y mujeres-, que han sido testimonio de amor y entrega a Villa El Rosario. Y lo dicho, el proyecto se nominaría Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”.

De la generación de Ruddy hacia acá, los rosarinos posiblemente solo por referencia han conocido a Lucas Raúl Chica. Un inteligente profesor, graduado como pocos entonces de una Escuela Normal de Maestros, que después de su ejercicio inicial en centros docentes del país, regresó a su pueblo natal para continuar enseñando en la Escuela Urbana Mixta “Pbro. José Serapio Ponce de León”, a mediados de la década 1940. Gran amigo de mis padres, persona amable y culta, fue mi maestro de Cuarto Grado en 1946. Y algo muy particular, no sólo fue mi maestro sino también mi tío y, sobre todo, alguien a quien, después de mis padres, Moisés Orellana y Ana Olivia Urbina de Orellana, debo aquella manera tan magistral de descubrir y estimular, a mis nueve años de edad, mi vocación de poeta, que ha seguido indetenible y creciente hasta hoy, y también mi amor infalible por la Literatura.

Esto último está confirmado en uno de mis más recientes libros: “JUICIO PARALELO. Mis 50 años de ejercicio periodístico 1964-2014”, San Salvador, abril 2014. Página 12, cuyo fragmento dice:

“… Ocurrió en mi natal Villa El Rosario, Morazán, al oriente del país, en 1946. Soñador del Periodismo y la Poesía como siempre he sido, un día a los nueve años, mientras estudiaba el cuarto grado, disfruté la bella sensación de ver publicados una carta y los primeros versitos míos, en la página literaria “El Mundo de los Niños”, del semanario “El Magazine” de San Salvador. Antes, yo había enviado una carta, atendiendo invitación general del periódico a los escolares salvadoreños.

– Todos los alumnos de educación primaria a nivel nacional -decía la invitación- pueden enviarnos y solicitar la publicación de sus trabajos de literatura o dibujo.

Y ahora, en mi caso, ver publicados la carta y el poema era la mejor y más alentadora respuesta. Satisfecho como yo, el maestro del grado Lucas Raúl Chica, quien también era mi tío y había estimulado mi idea de escribirla, sonreía disparando elogios.

– Ya ven, todo está en querer lanzarse al agua para aprender a nadar…, -dijo satisfecho el maestro”…

De ahí, mi satisfacción por la decisión de mi hermano de nominar  “Lucas Raúl Chica”, a la Sala de Lectura. Justo recordatorio a un maestro fallecido prematuramente, cuando su capacidad didáctica tenía mucho más que ofrecer a las generaciones rosarinas y del país. Una doble satisfacción que ha de ser apreciada por el pueblo rosarino: la facilidad para una formación cultural a través de los libros y el recordatorio justo, a la memoria de uno de los rosarinos distinguidos del Siglo pasado -Lucas Raúl Chica- cuyo nombre identifica a la Sala de Lectura.

A partir de entonces, fui testigo de las gestiones propias de las necesidades del proyecto -enormes sacrificios personales de Ruddy- para echarlo a andar: búsqueda del local, captación de libros, mobiliario, negativas de apoyo, contactos solicitando colaboración a rosarinos de dentro y fuera del país (casi siempre desalentadores, salvo el de algunos pisanos amantes del progreso y la cultura)… Y luego, la creación del Comité Gestor/Organizador con funciones ad honores, ahora sobreviviendo y haciendo sobrevivir el Proyecto, en medio de privaciones económicas y de toda índole.

Bajo la coordinación de Ruddy Orellana, este Comité, integrado por Wilmer Hernández, Claudia Jenny Romero, Basilia Blanco de Amaya, Sonia Beltrán, Iris Aracely Amaya Chica, Petronila Chica y Belky Amaya Blanco, tiene la delicada responsabilidad no solo de captar fondos para el funcionamiento del proyecto, sino también la de motivar al hábito de la lectura, entre las actuales y futuras generaciones de rosarinos. De ellos, Belky es la bibliotecaria, con funciones de atender el control y las solicitudes de libros, cargo que demanda buena voluntad y entrega, para solventar las dificultades propias de una biblioteca. Su antecesor y primer responsable de la Sala, Josué Alemán, también lo desempeño con dedicación y eficiencia.

Pero la Sala no se ha quedado ahí, en un centro simplemente facilitador de libros de todas las temáticas y para las diferentes edades. Ahora los chiquillos y los jóvenes pueden mejorar y ampliar sus conocimientos, mediante la práctica de actividades colaterales, como computación, manualidades, proyecciones artísticas y quizás hasta lograr la validación de horas sociales, para completar su pensum estudiantil, según los niveles educativos que las requieran.

Por todo lo expuesto, para el auténtico rosarino debe ser muy satisfactorio contar con este oasis cultural que, aunque de manera discreta y entre esfuerzos del grupo que lo impulsa, sigue ampliando pequeños horizontes de superación y entretenimiento para quienes de veras aman el progreso, el arte y la cultura.

Yo, como rosarino, como escritor y periodista y, sobre todo, como amante incorregible de la lectura, celebré y apoyé la idea/creación de la Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”, en mi pueblito natal Villa El Rosario, y lo seguiré haciendo junto con mi familia, porque la experiencia de toda una vida nos ha demostrado que la lectura y la formación integral, son factores infalibles para el logro de la superación personal y cultural de los seres humanos.

Si bien, el peso de mis cansados años -toda una vida entregada al Magisterio, al Periodismo y la Literatura- unido a un grave quebranto de mi salud, me mantiene “como ausente” de mi tierra natal, nada impide que, desde mi aislamiento y con el fervor de siempre, mis ideas y acciones personales y profesionales sigan pendientes  del ser y acontecer de mi pueblo y, dentro de ello, desde luego, los deseos del mantenimiento, conservación y larga vida para la Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”, como importante bastión cultural que contribuye al mejoramiento integral de la querida población de Villa El Rosario.  (RAO, 2017).

 

 

 

 

 

 

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