LAS FALACIAS DE TODA CAMPAÑA POLÍTICA

 

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LAS FALACIAS DE TODA CAMPAÑA POLÍTICA

Renán Alcides Orellana

El falaz estribillo de los candidatos a diputado: “me lanzo por amor a mi país” o “me lanzo porque quiero sacar a mi país del atraso en el que vive”, no lo cree ni el más dundo habitante del planeta. Ni de El Salvador tampoco. Lamentablemente, aquí  todavía hay mínimos sectores que no sólo le hacen el jugo a ese candidato, sino que hasta se lo creen -o se hacen- por conveniencia, porque al resto de ciudadanos honrados -que es la mayoría- estas expresiones le asquean.

Igual, las visitas de los candidatos a los mercados y lugares públicos -donde converge el pueblo humilde- en las que se dedican a abrazar a ancianos o a alzar en brazos a niños tiernos, ofende y golpea la conciencia popular, porque es la hipocresía disfrazada de demagogia, que mañana se reflejará en todas las promesas incumplidas,  cuando -como ocurre siempre- el candidato disfrute para sí solo y para su partido, las prebendas y los privilegios que dan los cargos públicos, cuando quienes los ejercen son adictos al abuso y la corrupción; es decir, casi todos…

Porque, que los hay capaces y honrados, los hay… pero contados con los dedos de las manos, sobran dedos…

Esas burdas acciones electoreras y otros desaguisados políticos, son parte de violaciones y de peor menosprecio, que atentan contra la dignidad e inteligencia de los salvadoreños, tales como llevar a esos cargos a candidatos que no cumplen con los requisitos constitucionales, para que al final se vean los resultados de corrupción, abuso de poder y manoseo de la cosa pública, como tantos casos que han proliferado -y sin duda seguirán proliferando- para tragedia del pueblo honesto.

Como aquí las leyes parecen dictadas para violarlas y en el mejor de los casos, para simplemente ignorarlas, no ha sido extraño que la misma Constitución de la República de El Salvador -la Carta Magna- haya sido y siga siendo violada constantemente.  Para mayor y más significativo ejemplo, lo relativo a la exigencia de “notoria honradez e instrucción” a todo candidato a diputado, que rara vez se cumple.  Textualmente, el Art. 126 de la Constitución, dice: “Para ser elegido Diputado se requiere ser mayor de veinticinco años, salvadoreño por nacimiento, hijo de padre o madre salvadoreño, de notoria honradez e instrucción (el subrayado es mío) y no haber perdido los derechos de ciudadano en los cinco años anteriores a la elección”.

El lector sabrá analizar esos requisitos y confrontarlos con las 84 curriculas que forman y formarán el Pleno y, sin duda, solo por generosidad, aceptará unos cuantos como válidos. Aparte de los ya conocidos que nunca hablan y a penas, semidormidos,  solo levantan la mano, están los mismos de siempre en los programas de TV, pero todos -o casi todos- sin la cobertura total del requisito de honradez e instrucción notorias. En esto, siempre hay excepciones de diputados que merece estar ahí. El pueblo honesto votará por ellos aunque tenga que hacer un estudio meticuloso entre tanto “aspirante a servir a su país”. Y es que a la Asamblea se llega, bien por la capacidad de cubrir los gastos de su campaña, por la tradicional rueda de caballitos, por popularidad en los medios por hazañas deportivas o comunicacionales (loable y apreciable servicio al país, pero hasta ahí); por nepotismo, por compromiso político, o simplemente por amistad… Nada de inventos, nada que ver con algún interés de perjudicar a alguien o a un grupo. Es la realidad que está ahí y que, por lo visto, seguirá ahí…

Viene la nueva campaña para elegir diputados y alcaldes, período 2018-2021; y como, “gracias a la democracia partidaria”, por lo lo visto ya los candidatos están siendo “elegidos por las bases” (¿cuál zapato?) y siendo como son casi los mismos, pues tendremos más de lo mismo. El pueblo los calificará de nuevo con 4.50… ¿y eso qué, verdad). Lo importante es no perder la costumbre de lo rentable del cargo…

Pero, ahora que están de moda los cambios físicos, gracias a la ciencia (cirugía plástica), una loable concesión de alivio al sufrido pueblo sería: que esa cirugía se convirtiera en requisito para ser diputado (especialmente para los que van reenganchados), para que sus rostros sean un poco más digeribles, aunque sus acciones antipopulares sigan siendo “más de lo mismo”… (RAO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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