03.25.09

“Rompiendo silencios…”: testimonio de un pueblo del Morazán heroico.

Publicado en Literatura, Personal a 8:54 pm por RAO

Mi pueblo es una oveja medio gris
y medio blanca
paciendo en las riberas del río Torola…

RAO (De un viejo poema)

Noche de memoria histórica. Noche de contar la rebeldía popular. Noche de testimonios de una comunidad del Morazán heroico: Villa El Rosario, mi pueblo. Eso y más fue la presentación del libro “Rompiendo Silencios. Desobediencia y lucha en Villa El Rosario” de los autores Fina Rubio y Eduard Balsebre, en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes, de Santa Tecla, la noche del pasado 11 de marzo. Ellos, dos españoles, Rubio y Balsebre, todo corazón y valentía solidaria con los salvadoreños; y el libro, una compilación de sucesos acaecidos en el marco del conflicto armado salvadoreño 1980-1992, con el testimonio franco de cuatro principales protagonistas: Evelin Romero, Miguel Ventura, Francisco Mena Sandoval, Marcelo Cruz Cruz, y con ellos la ardiente voz del heroico de la palabra, Carlos Henríquez Consalvi (Santiago). El libro, concretamente -según los autores- “es el relato de unos hechos de resistencia, dignidad y lucha que tuvieron lugar -en Villa El Rosario- en los primeros días de octubre del año 1980 en Morazán”.

Villa El Rosario fue parte de los escenarios más fuertes de la guerra en la Zona Oriental. Desde antes de 1980 había tremenda represión, que agudizó después del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ocurrido el 24 de marzo de 1980. Cumpliendo órdenes bestiales de los jefes militares del ejército salvadoreño, los soldados hacían matanza de civiles dentro del esquema “tierra arrasada”. Muchas poblaciones del norte de Morazán fueron destruidas y abandonadas, mientras los habitantes huían sin rumbo. Eran las escapadas en masa, conocidas como “guindas” en el caló popular. Mientras mujeres, ancianos y niños huían por los montes, los comandantes guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) permitían que se alistaran con ellos muchos jóvenes y adultos, entre mujeres y hombres, de las distintas vecindades. No había alternativa. Crecía el terror, pero también crecía el espíritu aguerrido, el espíritu rebelde. Y del otro lado estaba el ejército, a veces hasta diezmado, sorprendido en su impotencia de “arrasar” a una sólida resistencia popular y revolucionaria, a pesar de su gran ventaja física en hombres, municiones y armamento. A partir de entonces, nadie podía considerarse seguro y menos los familiares y amigos de los combatientes.

Y vino la dispersión. Profesionales, campesinos, obreros y estudiantes se unieron, bien a la lucha armada en las montañas y las ciudades; o bien ayudando para que las mujeres y los niños pudieran huir hacia un refugio en Colomoncagua, Honduras; o exiliándose para luchar desde el exterior, de manera organizada, a favor de la causa revolucionaria.

Tal era el escenario en Villa El Rosario, aquel octubre de sombras. Escenario de lucha rebelde que le fue asignado por el alto mando militar al capitán Francisco Mena Sandoval para que, con fervor anticomunista y “para salvar a la patria”, lo aniquilara. Que no quedara un solo habitante vivo. Y eran muchos, porque a esas alturas Villa El Rosario era el mejor sitio para que se refugiaran habitantes que habían llegado huyendo de lugares vecinos. Eran miles y miles, hambrientos y sin sus humildes haberes. Pero, el capitán Mena Sandoval, con armas y con todo a su favor, fue “agredido”, “tocado” y “convertido” por el espíritu valiente de una joven, Evelin; por el grito misionero y humanista de Miguel; por el impulso humanamente solidario de su compañero de armas Marcelo; por la voz desafiante en la esperanza de Santiago; pero, sobre todo, por las mirada ardiente de fe y disposición a la lucha en defensa de sus derechos, de los heroicos habitantes de aquella gloriosa parcela nororiental de Morazán. Y Paco Mena Sandoval, como Saulo el del caballo camino a Damasco, “cayó” a tierra. Desobedeció y no ordenó matar. Mejor dicho, se convirtió. “Villa El Rosario me hizo cambiar para toda la mi vida…” -, nos dijo Mena Sandoval a la numerosa concurrencia, durante la presentación del libro, aquella noche:

… “Las órdenes de bombardear los caseríos cercanos eran estrictas y de nuevo actué siguiendo mis valores y convicciones. En esos caseríos difícilmente habría guerrilleros, solamente personas indefensas, por lo que el fuego de morteros de mi unidad se desvió a otras zonas que confiaba no estuvieran llenas de población. Seguimos avanzando hasta llegar a las márgenes del río Araute, que se encuentra cercano a Villa El Rosario. Es a partir de se momento cuando recibí la orden de atacar Villa El Rosario con cuatro compañías bajo mi mando. La información recibida era la siguiente:

“Todos los habitantes de Villa El Rosario son guerrilleros, desde el más viejito hasta los más niños. Loes evangélicos están armados, en las biblias esconden las pistolas, y los niños son peligrosos guerrilleros”. Esa noche, dos niños que despectivamente llamábamos terengos, intentaron, cruzar el río para huir; a uno de ellos lo mataron y el otro fue hecho prisionero. Sus palabras me confirmaron aquello que ya sabía en mi interior: “En Villa El Rosario no hay gente armaad y solo quedan ancianos, mujeres y niños con hambre y miedo”….” Y más adelante, según el libro: “… Desde el puesto de mando en Perquín, el coronel Alejandro Cisneros me repitió la orden de horas anteriores: “-Toda esa población es base de la guerrilla. ¡Destrúyala! No tiene que quedar nadie con vida”…” “-Todos son guerrilleros comunistas. Termine su trabajo. ¡Es una orden!- dijo el coronel Cisneros…” Y el libro describe el acto de desobediencia de Mena Sandoval, los dramáticos momentos posteriores, el regreso a la vida de un pueblo que había sido condenado a la muerte por una orden asesina, la nueva alianza de un militar honesto con su pueblo, y la retirada con un final de compromiso: “-Me tengo que retirar -dijo Mena al despedirse- en contra de mi voluntad, pero siempre voy a recordarlos y siempre voy a recordar a Villa El Rosario, porque gracias a ustedes he descubierto mis obligaciones con el pueblo salvadoreño. ¡Aquí he encontrado el sentido de mi lucha! …”

Escuchaba yo a Evelin, Miguel, Mena Sandoval, Marcelo y Santiago. Y de pronto me veía junto a mi niñez, maradoniando con pelota de trapo en el centro de la plaza de Villa El Rosario; o “escalando” –hazaña inolvidable- las gradas del campanario del templo colonial; o compartiendo con los demás cipotes -“mis compañeros de juegos”- una apetitosa ensalada de naranjas con chiles chiltepes, bajo el cielo gris-azul de cualquier verano de ensueños; y siempre, saludando y recibiendo cariño de toda la gente buena, los mayores, algunos de cuyos nombres son recordados puntualmente en el libro. Mi casa que fue, en ruinas. La traición y la deslealtad; pero también, la abundancia de otros cariños. La guerra con su dispersión. La diáspora doliente. El martirio de Monseñor Romero. Mi exilio en Panamá… Y de un salto, los rostros frescos y victoriosos de los niños de entonces, hoy recordados mártires populares, con quienes compartí las aulas escolares y los juegos infantiles. Ellos, los que un día, muchos años después, junto a otros queridos rosarinos, fueron salvajemente masacrados por las fuerzas represoras del ejército nacional, en el marco de la guerra: Tony Urbina, Marcial y Esther Díaz y su hijo Marcial; René de Jesús Velásquez y sus hijos Lázaro y René Abed-nego; Emelia Claros y sus hijos Alfonso, José Santos y Neftalí; Cristóbal Castillo, Israel Chica, Clemente Castillo, los hijos de Chema Velásquez…

… “Villa El Rosario me hizo cambiar para toda la vida…”, oí repetir a Mena Sandoval. Un suspiro de pronto me estremecía las fibras más hondas; y la vuelta a esta realidad desataba en mi emociones encontradas: por un lado, me veía venir yo de entre recuerdos de allá de mi infancia de donde nunca hubiera querido volver; y, por el otro lado, celebrar la victoria hacia la posteridad de la gente heroica de mi pueblo, sacudiéndonos el alma en este libro de Fina y Eduard y en las voces ardientes, como de fuego popular, de los protagonistas: Evelin, Miguel, Francisco, Marcelo y Santiago. Concluido el acto de presentación, me acerqué a Francisco Mena Sandoval.

Recordamos viejos tiempos y sucesos. “Sin tu intervención allá, en octubre del 80 -le dije- la masacre “que no fue” en Villa El Rosario, hubiera sido igual o peor que las de El Mozote, Sumpul…”. Paco asintió y comprendió, además, que en mis frases estaba implícito el agradecimiento sincero, por haber preservado y protegido las vidas, humildes y honestas, de mis hermanos de Villa El Rosario, en Morazán.

5 comentarios »

  1. José Tolentino escribió,

    Que bellas palabras de los autores del libro, estoy muy emocionado por este nuevo testimonio que sale a la luz.
    Quiera Dios y nos ilumine para que estas cosas no vuelvan a suceder.

  2. Lilian Yaneth Romero de Fuentes escribió,

    Es un enorme placer leer y saber mas de lo ocurrido en Mi pueblo El Rosario, se me estremece mi cuerpo saber que Dios, estuvo presente en ese momento. Felicito a todos los que participaron en la elaboración del libro y es un pribilejio poder leer tan buen libro, felicidades.

  3. lupe escribió,

    Según lo que leo , este libro servirá mucho para que las nuevas generaciones conozcan las verdadera historia que nos han venido escondiendo los gobiernos anteriores.
    Recuerdo que cuando se dió la toma de Villa El Rosario, la Radio Venceremos se quedó solo con Mariposa en la locución, esa voz firme y clara, de esa gran mujer. Y a propósito, siempre he tenido la idea de que muchos que escriben sobre ésas historia en las cuales de alguna manera tiene que ver la Venceremos, intentan dejar al margen el papel fundamental que esa gran mujer revolucionaria jugó…Será porque se mantiene firme en su lucha y no vive solo de lo que se hizo?…Incluso a pesar del asesinato de Paco Cutumay y de sus padres?….

    Felicitaciones al colectivo que realizó esa obra que encierra un trozo de nuestras verdadera historia…Felicitaciones. Lupe.

    y recuerdo que cuando la guerrilla tomó Villa el Rosario, solo se quedó locutando combativamente Mariposa, esa voz potente y clara de esa valiente mujer

  4. Jaime escribió,

    Un hecho real y muy humano de Mena yo he leido su autobiografia “del ejercito nacional al ejercito guerrillero” y se me escarapela la piel y se me llena de emocion hasta lagrimas derrame por toda esa gente que sufrio en este hermano pais. Ver hasta donde llega el querer estar en el poder, masacrando gente del pueblo, gente humilde, campesinos. Entre los militares pasarse el poder de uno a otro. Dios no quiera que pase en otro paises latinoamericanos.
    espero leer el nuevo libro. Y gracias a estas personas como Mena Sandoval en el recuerdo de mucha gente humanista que seguro leera alguna vez su vida.

    atte.

    jaime c. e. de Lima-Perú

  5. willian escribió,

    soy de canton de laguna tenia 5 años en ese tiempo nos fuimos a refugiar a la villa, estabamos condenados a muerte por el ejecito opresor viviamos en la casa de don delio romero qe esta a la salida de zacualpa, cuando llego el ejercito a matarnos, pero eran comandados por un hombre honesto a su pueblo,luego nos refugiamos en san simon durante 10 diez años


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