El hombre para el puesto y no el puesto para el hombre.

El título de esta columna se explica por sí mismo. En diversas épocas, y en situaciones de transición de gobierno como la actual, lo he abordado como tema de reflexión sobre lo saludable que sería para la institucionalidad del país, que los cargos públicos, en todas las esferas y en los distintos niveles, se asignaran correcta y adecuadamente por capacidad y honestidad, y no por el acostumbrado y nefasto amiguismo o compadrazgo. La tradición salvadoreña en materia de nombramientos impropios para cargos oficiales, con mínimas excepciones, ha estado viciada. Casi siempre, se selecciona el puesto para (favorecer) al hombre, en vez de seleccionar al hombre para (favorecer) al puesto.

Nadie puede ignorar lo desalentador y traumático, por no decir indignante, que ha sido para los salvadoreños honestos, tener que doblegar su dignidad para lograr una recomendación del partido en el gobierno, últimamente ARENA, o de cualquier otro partido para obtener una plaza en el sector oficial. Cuántas esperanzas fallidas de hombres y mujeres que, por carecer de una recomendación o por negarse a gestionarla, han preferido la emigración obligada para buscar trabajo en otros países, especialmente en los Estados Unidos. Y nadie ignora también los riesgos e inconvenientes hasta mortales, que en la mayoría de los casos significa esa travesía.

Esa es la subcultura de la “compostura” (obtener inmerecidamente mucho por poco), que debe cambiar. Y la esperanza de que esto se de, parece aproximarse. Una nueva etapa de esperanzadores cambios comienza a generar confianza y optimismo en el campo laboral. Y en todos los campos. No será tarea fácil para el nuevo Gobierno de Mauricio Funes/FMLN erradicar esa subcultura, tan aberrantemente enraizada desde hace décadas. Discriminatoria, sin equidad y excluyente, su mayor objetivo ha sido cubrir todos los flancos oficiales del partido de gobierno, para garantizar ganancias electoreras mediante la concesión de plazas a correligionarios y seguidores, con capacidad o sin ella. Generalmente, sin ella. Con excepciones apreciables, se privilegió a los allegados con jefaturas y salarios inmerecidos, que, a la postre y por natural vanidad, también se convirtieron en dirigentes despóticos y, además, en personas acaudaladas.

Muchos de estos son los casos de privilegios que ahora se aferran al continuismo. Pero, por al optimismo generado a partir del 15 de marzo, si bien hay desconfianza también hay ánimo de lucha. Es lógico que el bloque unipartidario de derecha ARENA-PCN-PDC, después de su accionar político antipopular más reciente, haga temer a los salvadoreños nuevas y nefastas “alianzas”, políticas de subterfugio, falta de transparencia, madrugones, “fuerzas solidarias” y respaldos mediáticos, tan característicos en este período. Desafortunadamente, como en el caso del pastorcito mentiroso, fuera de sus seguidores a la baja, la sociedad se resiste a creer en llamados a puentes de entendimiento, elogios hoy contrarios al insulto de ayer, fingida madurez para aceptar derrotas… pero, se impone la esperanza por el cambio y la fe de que las políticas nefastas y antipopulares en El Salvador ¡nunca más!

Por eso, las aclaraciones con sabor a “yo no fui” sobre la autoría y patrocinio desesperado al proyecto de “Ley de compensación económica a funcionarios y empleados públicos”, que, “sin autor conocido”, circuló la semana anterior, ha recibido un amplio rechazo de la ciudadanía. Y lo mejor, el rechazo firme y solidario también del presidente electo, Mauricio Funes, y su partido FMLN. “No voy a permitir que se desvíe un solo centavo para indemnizar a funcionarios… {Ese dinero} deberá estar destinado a ayudar a los más pobres y necesitados de nuestro país”, declaró enfáticamente el presidente electo Funes, el viernes 3 de abril. Y el pueblo le toma la palabra. Y el pueblo, por eso, le brindará su apoyo. Es la voz y el accionar hacia el cambio que esperaba.

Sin embargo, la experiencia dolorosa del país en materia de madrugones, mantiene en alerta a la población. Insegura, desconfía y duda. En la inseguridad -dice la población- está la seguridad. Además, la Asociación Nacionalista de Empleados Públicos y Municipales (ANEPYM, para sonar con similitud a la antigua AGEPYM) no desistirá; y con su patrocinador ARENA, abierta o encubiertamente, es posible que generen -como lo han anticipado ya- un planteamiento igual para “irse con buena plata” a un descanso apetecible. Falta ver si el PCN y PDC se unen a esa “cruzada” y, a cambio de la “indemnización”, se arriesgan a nuevos rechazos de la población. Pero, si a la clase política en general no le interesa y considera que ya nada tiene que perder, será conveniente que, ella misma, reflexione sobre que los hijos no merecen herencias de desprestigio, y que ellos –los hijos- todavía tienen mucho que ganar.

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