Monseñor Romero y los ofensores de su fe, veintinueve años después.

Yo soy el mismo de siempre.
Lucho por los desheredados de la tierra
y más de algún imbécil me llama comunista
porque soy justo y bueno
y no pierdo mi tiempo cantándole a las rosas…

Oswaldo Escobar Velado

Ni comunista ni terrorista, sólo Hombre de Fe. En el 29 aniversario de su asesinato por fuerzas derechistas, Monseñor Romero agranda su presencia cada día. Por su fe, el verdadero pueblo católico celebró la conquista de su derecho a la justicia el pasado 15 de marzo; por su fe, el presidente electo, Mauricio Funes; el vicepresidente Salvador Sánchez Cerén y su partido FMLN, tienden su mano colectiva hacia la unidad, el entendimiento y la armonía entre salvadoreños; y por su fe también, quienes se deshicieron en denuestos e insultos sangrantes contra Mauricio y sus seguidores, tal vez lleguen a comprender que la prepotencia y el autoritarismo se revierten un día, para dar paso franco a la justicia.

Bien por el presidente electo Funes y su mensaje de cambio y esperanza; mal por aquellos que quieran, al calor de la euforia victoriosa del FMLN, fingir y querer sorprender con falsos puentes de entendimiento y reconciliación, con palabras de “reconocimiento” y hasta de velado arrepentimiento, contrario al lenguaje infame e infamante con el que desnaturalizaron la esencia de la campaña electoral. Porque, ¿y si el ganador hubiera sido ARENA? Sin duda alguna, antes que los puentes que ahora tienden y hasta exigen, la prepotencia y autosuficiencia se hubieran desbordado y, de igual manera, hubiera proliferado el insulto que ha sido una costumbre. Esa, sin duda también, es la ejemplar muestra de madurez y civismo de Mauricio, Salvador y su partido, el FMLN.

Cuán fácil resulta la fraseología camaleonera posterior al triunfo de Mauricio. “Me equivoqué con Funes”, “qué buen discurso de Mauricio”, “nuestro presidente electo”, “felicitaciones, Mauricio, el pueblo ha hablado”, dicen quienes antes habían usado un lenguaje de lo peor. No, no basta un simplista “disculpe usted”. Urge la reconciliación, pero para eso se precisa también de un proceso: VERDAD (reconocer el error y decirlo), JUSTICIA (iniciada con la verdad), PERDON (otorgado por Fe), REPARACION (puede darse o no) y RECONCILCIACIÓN (estado ideal). Sin duda alguna, Mauricio, el FMLN y muchos salvadoreños ofendidos por el discurso excluyente del presidente Saca, sus diputados y otros funcionarios, ARENA y areneros violentos, aceptarían una actitud reconciliadora así, porque sería muestra de genuina intención. Y, de manera particular, debiera darse en algunos propietarios de los “grandes medios”: directores, editores, redactores, publicistas, presentadores de TV; y algunos intelectuales, abogados, empresarios… por preferir acogerse más a la palabra del poder y no al poder de la palabra; pues, como ellos mismos lo reconocen, se convirtieron no sólo en censores humillantes sino que hasta en detractores amenazantes contra dos candidatos, el FMLN y una población honestamente opositora, por reclamar ésta el imperio de la justicia en El Salvador.

Los últimos sucesos confirman tantos reclamos no escuchados de antes: – El abuso de propaganda del Ejecutivo para mantener una “popularidad” inexistente con una nota “no menor de 6” para el Presidente Saca, creada y sobredimensionada por los medios (Prensa, Radio y TV) mientras el país y la población humilde sufrían deterioro; – La actitud de las cúpulas del PCN, PDC y FDR y dos que tres alcaldes PDC (sólo ellos, sin correligionarios), cuya matonería verbal arreció contra Mauricio, en apoyo a la “alianza por el cambio” (¿?) de Arturo Zablah (no a ARENA, decían. ¡Absurdo!), mientras éste ofrecía en venta una idea opuesta a la que, para satisfacción popular, antes había enarbolado: sacar a ARENA del poder. En realidad, entre todos ellos, sacaron a ARENA del poder. ¿Quién puede creerle a quien? – La actitud del PCN y su líder Cruz Zepeda y unos 4 más por ahí, solos pero aliados a la derecha hasta quizás llevar nuevamente, para mayor repudio popular, a Cruz Zepeda a la presidencia de la Asamblea Legislativa. (“Democracia son negociaciones y acuerdos”, dicen; pero ¡no es para tanto!).

Y finalmente, nadie puede tapar el sol con un dedo: el descalabro actual de ARENA. Quedan fuera de la Comisión Política el presidente Saca y Ávila; siguen sólo Cristiani, Calderón Sol y Flores. Fuera también la confianza partidaria entre unos y otros. Los “buenos” de antes, hoy bandidos de la película. Por algo será. Ahora la población espera una vida distinta, con verdadero sentido humano. Que terminen el sonsonete absurdo de comunistas-terroristas-vende patria contra la población y los opositores honestos; y también al arcaico, insultante y antipatriótico himno de ARENA: “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán…” {¿más de dos millones de salvadoreños?}. Absurdo. Con Monseñor Romero nació la esperanza. Y con el cambio, el anhelado respeto a la dignidad e inteligencia del pueblo salvadoreño.

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