EN EL MES Y DÍA DEL PERIODISTA SALVAOREÑO

Fragmentos de mi libro JUICIO PARALELO, San Salvador, 2014.

(Memorias.  Mis 50 años de ejercicio periodístico, 1964-2014).

Renán Alcides Orellana

…   Aquel año (1964) quedaría marcado como punto inicial de mis pininos periodísticos y literarios. Ambos géneros por igual, porque en adelante, si bien el Periodismo como fuente de trabajo me daría para la subsistencia, aunque no de manera solvente, también el ejercicio literario iría siempre aparejado a ese quehacer, como instancia menos atendida y, por lo mismo, de producción a veces mínima, pero siempre parte vital del duro oficio.

Este decir “el duro oficio” era una frase escogida para significar que el ejercicio del Periodismo, además de sacrificado, resultaba poco o nada rentable; y, a veces, el periodista hasta debía acomodarse a irla pasando como fuera, con privaciones y dietas alimenticias obligadas, o a comer salteado -si hoy cenabas mañana no almorzabas- en fin, una situación que no se detendría hasta que llegara, si era que un día llegaba, el reconocimiento. Parece un tanto exagerado, pero así era la cosa.

Gabriel García Márquez, reconocido periodista y hombre de letras por vocación y ejercicio y, para mayor honra, Premio Nóbel de Literatura 1982, ha suavizado esto del Periodismo como duro oficio; y, por el contrario, lo exalta hasta definirlo como un deleite:

– El Periodismo es el mejor oficio del mundo.

Si bien para algunos biógrafos la frase original fue de Albert Camus (1913-1960), para los periodistas ha sido vivificante y estimulante que García Márquez la divulgara, por su experiencia como reportero en diarios de Colombia y del mundo… (Pág. 13)

… El Periodismo demanda vocación auténtica. Hay que asumir todos los riesgos; sobre todo, aceptar que el ejercicio honesto no ofrece bienes económicos, pero brinda satisfacciones. Se debe ser abierto a toda experiencia y a toda enseñanza, venga de donde venga, toda vez que contribuya a entender, apreciar y aceptar con agrado, lo difícil del ser y quehacer de la profesión. Yo aprendí de la experiencia ajena. De lo conocido en todo tratado periodístico, en las aulas universitarias, en el quehacer humano del día a día y, sobre todo, siempre con mi disposición a aceptar, con total apertura, la experiencia de los periodistas más antiguos, aquellos de reconocida y honesta trayectoria.

Mi experiencia en la Televisión fue poca; sin duda, porque la demanda de periodistas era escasa, por ser un medio relativamente nuevo, si se comparaba con los otros. La poca experiencia, sin embargo, no me impidió, conocer algunas normas, técnicas y, sobre todo, las inofensivas argucias que permiten realizar un mejor trabajo. En Televisión, el presentador, moderador o reportero cuidaba mucho de no perder la credibilidad. Imagen y sonido, se prestaban para ello, mucho más que el trabajo en medios impresos y radio. Se evitaba al máximo tutear o vocear al entrevistado, por mucha amistad que se tuviera con él. Ahora es diferente, por falta de profesionalismo, o por exhibicionismo, el presentador de TV tutea al entrevistado, en su afán de querer mostrarle al televidente que él se relaciona con señores de las altas esferas políticas y sociales. Craso error. Es necesaria la distancia entre el entrevistador y el entrevistado, de la clase o nivel que éste sea, para evitar que se vea como una entrevista entre cheros, en la que el presentador evita hacer preguntas comprometedoras al amigo. Sin darse cuenta, pierde credibilidad.

Durante una conferencia de prensa, en otro país, un periodista, a lo mejor conocido del estadista que sería entrevistado, en voz baja, le expresó: “Espero que me considere su amigo, y tome en cuenta mis preguntas…”. La respuesta del estadista fue: “Puedo ser su amigo, después de la entrevista…”. Nada más, y un silencio aleccionador… (Página 71)

… Cubrí muchos sucesos relevantes para los medios impresos. También para radio, aunque en menor grado. Para ambos sistemas, la cobertura de la fuente era igual, pero diferente la redacción. La noticia impresa dispone de mayor espacio y tiempo, su característica es ser amplia y detallada. Cuando me tocó hacer Periodismo radial, después de haber trabajado por algún tiempo en medios impresos, la redacción me resultó más fácil.

El ejercicio periodístico de entonces, aunque empírico en su mayoría, era muy bueno. Los veteranos -no todos- eran maestros de los que recién llegábamos, especialmente en cuanto a los contactos, el olfato noticioso y la oportunidad de la noticia. Sin que me lo dijeran, de ellos aprendí que el mal periodista pasa por un bosque de sucesos y no encuentra noticia, el buen periodista de una rama hace noticia. Siempre agradecí las orientaciones de los buenos periodistas de experiencia que, sin egoísmo y de manera franca, orientaban al novato.

– Era una época -dice Gabriel García Márquez- en la que el oficio no lo enseñaban las universidades sino que se aprendía al pie de la vaca, respirando tinta de imprenta… (Pág. 75)

… En aquellos tiempos, los periodistas empíricos,  hicieron excelente periodismo. Orientaron a muchas generaciones, que ahora van buscan la profesionalización, en universidades o centros especializados. Es decir, que la cosa no comenzó ahora, aquel Periodismo empírico sentó las bases para el quehacer actual, que procura el mejoramiento integral que de los periodistas, capaces y éticos, espera la sociedad entera… (Pág. 78)

…  Para entonces, la grabadora de bolsillo tipo periodista era la solemne desconocida. Cuando al fin llegaron las primeras, se trataba de grandes y gruesos bloques, de tamaño peor que el de un ladrillo de construcción, lo cual generaba dificultades para su uso y traslado. Así, pasaba el tiempo y el reportero que no contaba con la suya, se las veía a palitos copiando rápido las informaciones que recibía de los discursos, declaraciones personales y conferencias de prensa.

El periodista ponía a prueba su creatividad. Se las ingeniaba para crear su propia taquigrafía, con signos, abreviaturas o detalles propios que, para su bien, sólo él podía entender a la hora de redactar, impidiendo, eso sí, que otros copiaran la información. Caso muy conocido fue el de Horacio Rivas, veterano redactor que conocí en la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), y quien firmaba sus escritos con el pseudónimo de Edmundo Valencia. Horacio trabajaba en la Secretaría de Información de Casa Presidencial, donde una muerte repentina le sorprendió en horas laborales… (Pág. 81).

… La situación social del reportero estaba en total desventaja, con relación a la de otros sectores laborales. Aparte del bajo salario, difícilmente lograba prestaciones adicionales para él y su familia, como seguro de vida, automóvil o, por los menos, lo necesario para gastos de funeral.

Sin embargo, la imagen del reportero ante la sociedad era un espejismo engañoso. El hecho de que se le veía en reuniones y entrevistas con presidentes, funcionarios, potentados y hasta con miembros de alguna familia real o en frecuentes fiestas ofrecidas por esas personalidades, parecía sugerir que el periodista tenía una existencia si no de opulencia como ellos, pero si con suficientes comodidades para, por lo menos, una vida digna.

Con excepciones, esto era cierto. Porque, de haber seguido los pasos del periodista al salir de la fiesta, se hubiera comprobado que, por falta de vehículo y de dinero para un taxi, tras larga distancia a pie llegaba y entraba a una casa humilde, a veces desvencijada. Y ahí estaba su realidad social: un cuarto con muebles en mal estado, una mesa de madera o metálica sobre la cual un plato y cubiertos baratos, invitaban a una cena pobre y fría, que su esposa le había preparado para su regreso; mientras al fondo, en una pequeña habitación, una abnegada mujer dormía plácidamente junto a sus pequeños hijos. Ni falso ni patético, por los bajos salarios y otras carencias, con raras excepciones así podría describirse, un tanto exagerada pero real, la situación del periodista de antes, la cual, afortunadamente, el proceso de desarrollo y la modernidad han ido mejorando… (Pág. 83)                            (RAO).

 

 

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