LA LECTURA : ÍNDICE DE DESARROLLO

Foto fachada templo

Templo Parroquial de Villa El Rosario, Morazán.

Renán Alcides Orellana

En la actualidad, y debido a los crecientes avances tecnológicos, promover el hábito de la lectura puede parecer tarea difícil. Todo depende, sin embargo, del esquema familiar y social, en cuanto a considerar este hábito como algo, más que importante, necesario.  Necesario para contribuir al crecimiento de la personalidad del individuo y al desarrollo cultural de la sociedad.

“La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil; y el escribir, preciso”, expresó Sir Francis Bacon. Desde entonces, siempre habrá mecenas (patrocinadores) o delectantes de la lectura, promoviendo ese hábito a través de los libros y, en el mejor de los casos, creando salas de lectura o bibliotecas, como significativo aporte cultural al desarrollo integral del país. Es intensamente satisfactorio presenciar estos eventos y no estaría fuera de orden afirmar que  -parafraseando a alguien- por una biblioteca que se abre, hay una celda que se cierra.

Testimonio particular de lo afirmado  es el proyecto Sala de Lectura “Lucas Raúl Chica”, que será inaugurado el sábado 29 de agosto, en Villa El Rosario, mi pueblo natal, situado en el norte de Morazán. Un pueblo tranquilo y laborioso, respetuoso del entorno ambiental y sin ilícitos perturbadores del corazón. Y como quiera que, aunque tangencialmente, soy parte de ese bondadoso proyecto, hago este comentario motivador, para que otras poblaciones humildes y abandonadas (por los gobernantes), acojan el testimonio del esfuerzo colectivo de Villa El Rosario, que lucha por superar obstáculos; y, sobre todo, sobreponerse al aislamiento al que los gobernantes lo han sometido siempre, desde décadas pasadas. Un injusto aislamiento geográfico, agudizado por la negativa del Ministerio de Obras Públicas (MOP), a atender la solicitud de pavimentación del tramo vial Los Quebrachos (Jocoaitique)-Villa El Rosario, de apenas 9 kms, a pesar de las innumerables gestiones de antes y de hoy, intensificadas, inútilmente, a partir de febrero de 2012… Una gestión para capítulo aparte…

Villa El Rosario es una pequeña población del departamento de Morazán, situada a 32 kilómetros de la cabecera departamental, San Francisco Gotera;  y a 208 kilómetros de la capital, San Salvador. Su extensión territorial es 19.2 Km² con una altitud de aproximadamente 465 metros sobre el nivel del mar.  Con el nombre de El Rosario, el pueblito fue fundado por el Pbro. José Serapio Ponce de León, a principios del Siglo XIX, por la reducción de la región de Araute, nombre vernacular que significa “Valle de las cuatro casas”. Raza Lenca, pura y aguerrida -orgullo rosarino- creció desafiando al tiempo y a los conquistadores de entonces. Fue un asentamiento donde numerosos ladinos convivieron bajo el mandato de las Leyes de Indias y Ordenanzas, siendo constituido en pueblo; y desde 1883, goza de la jerarquía municipal de Villa. Su centro histórico lo constituye una plaza principal, rectangular, rodeada de árboles y delimitada por calles y casas, algunas todavía conservando la estructura ancestral. En el extremo oriental se yergue el templo colonial como su monumento arquitectónicos principal, que guarda en su interior el santuario de la virgen del Rosario, en cuyo honor se celebran las fiestas patronales, el primer domingo de octubre. Su historia nos viene por tradición o por documentos que el tiempo ha apolillado y porque, de boca en boca, las generaciones se han ido acostumbrando a marcar un rastro, una huella, para rescatar y mantener viva su memoria histórica…

Además de esos antecedentes socio-culturales, Villa El Rosario cuenta con una rica nómina de maestros, algunos ya desaparecidos, que, en medio de privaciones y obstáculos, entregaron su saber a muchas generaciones de rosarinos, cuyos descendientes viven hoy en un clima de trabajo honesto, amistad  sincera y armonía social. También cuenta con el recuerdo de valiosos  hijos e hijas, jóvenes en su mayoría, que, contra todo riesgo, fueron hasta el sacrificio de sus vidas, luchando por  la causa popular, durante la guerra civil 1980-1992.

Ese ser y quehacer rosarino de antes y de hoy, inspiró la idea de una biblioteca, como necesaria actividad para complemento de los demás programas de desarrollo y protección ambiental, que se impulsan en Villa El Rosario. También para, con espíritu cívico-patriótico-cultural, tener presente  -para que no ocurra- la sentencia de Heinrich Heine, sobre que “Ahí donde queman libros, se acaba por quemar a los hombres”… y que, por el contrario, un día cada rosarino amante de la cultura, complacido pueda decir con Adolfo Bioy Casares: “Creo que parte de mi amor a la vida, se lo debo a mi amor a los libros”. (RAO).

 
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