Lilian Serpas y su isla de trinos

Lilian_SerpasRenán Alcides Orellana

Con su caminar lento, pausado, sin prisa, como viendo sin mirar el horizonte, Lilian Serpas iba y venía, deambulando, por las calles de San Salvador, a mediados de los años ochenta. Llamaban la atención su desaliñada figura, su ropa raída y, entre sus dedos anicotinados, el eterno cigarrillo colmándole de huecos su vestido. Estampa real de una indigente real. Pocos sabían quién era ella. Era Lilian la antes admirada poeta salvadoreña, ahora pobre; pero, quizá con todo derecho, siempre considerándose: “…bienaventurada porque llevo una estrella luminosa/ cubierta en el hedor de mis andrajos…”, como dijera de sí mismo Antonio Gamero, el “Poeta Salvaje”.

Así le vi varias veces sin reconocerla -en verdad no la conocía- en su ir y venir de casi todos los días entre la Esquina de la Muerte y el Parque Centenario, en el centro de San Salvador. Hasta que un día, entre las conversaciones cotidianas que yo sostenía con Alejandro Masís y Francisco (Chico) Aragón, ambos compañeros escritores y periodistas, Alejandro soltó -con airado asombro- la pregunta “¿han visto a Lilian?”. “¿Qué Lilian?”, indagué.  Y así, compartimos comentarios sobre el andar y desandar de Lilian, por estas calles de Dios. No sabíamos mucho de ella, dadas las distancias y ausencias de Lilian en el extranjero, desde su juventud.

Lilian Serpas nació en San Salvador, el 24 de marzo de 1905 y falleció el 10 de octubre de 1985, en esta misma ciudad. Adolescente aún, publicó sus dos primeros libros “Urna de Ensueño” (Poesía, 1927) y “Nácar” (Poesía, 1929); luego, partió a San Francisco, California, y posteriormente a México, donde publicó “Huésped de la Eternidad” (Poesía, 1947); “La Flauta de los Pétalos” (Poesía, 1951); “Meridiano de Orquídea y Niebla” (Poesía, 1954, 1957); y “Girofonía de las Estrellas” (Poesía, 1970). Además, publicó las obras “Isla de Trinos”, “Proyección a la nada” y “Hacia un punto del origen”, entre otras. Casi todos sus libros cuentan con varias ediciones, en épocas y países diferentes (en noviembre de 1982, la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación, El Salvador, hizo nueva edición de la obra “Meridiano de Orquídea y Niebla”).

Una historia triste-alegre, por sus triunfos y fracasos. Desde muy joven quiso volar. Llena de entusiasmo y atendiendo su espíritu aventurero de poeta, en plena juventud Lilian se va al extranjero, en busca de su “isla de trinos”. Pero, no la encontró como sus ansias poéticas lo soñaban y, un buen día de 1977, con sus ilusiones rotas y la miseria a cuestas, regresó a su país que tanto amó, como buscando, con el retorno, el sitio ideal para mitigar su cansancio, mientras llegaba la hora del reposo definitivo. Tampoco lo encontró, ya El Salvador que un día la vio partir optimista y esperanzada, con su voz de ruiseñor  y sus ímpetus de vuelo, se le ofreció distinto… y, como suele ocurrir a los poetas, la indiferencia del medio enterró primero sus alas y después su cuerpo. Y así, pobre en su solemnidad, ignorada, como fantasma hundiéndose en las sombras, un día de tantos, en 1985, Lilian Serpas dejó de existir…

Antes de la malhadada fecha de su viaje final, y en medio de una indiferencia feroz, sin reclamos e inhibida también por su ya gastada lucidez, silenciosa, y como ausente, Lilian caminaba, sin brújula ni sentido,  junto a los atardeceres de sus últimos años. De tanto ver su andar agónico, el poeta  Alejandro Masís escribió: “Sin preámbulos, que por esta vez no hacen falta, voy a referirme al caso concreto de nuestra escritora Lilian Serpas, quien desde hace muchos meses se encuentra gravemente enferma, en una situación de evidente abandono de sí misma y empeorando cada día en su estado físico, mental y emocional. Lilian -decía Masís- ha perdido casi por completo el uso de razón y es corriente verla deambular lastimosamente, provocando tremendas sorpresas a quienes han comenzado a identificarla en la calle…”, concluía Masís. Pocos atendieron a Lilian; otros -pese a su buena voluntad- llegaron tarde. El tiempo inexorable no permitió -ni siquiera- un acercamiento a la poeta. Gritos suyos del alma que -por razones diversas- no fueron escuchados a tiempo, sumado- desde luego- a la crónica indiferencia que ha sido característica de los gobiernos de turno. Es que la cultura no es rubro rentable, cuando todavía estamos a meced de los espíritus pequeños.

Y Lilian se fue, murió. Y su paso a la eternidad fue la confirmación de lo que premonizara, con alta inspiración y tronador acento, en su libro “Huésped de la eternidad” (1947), cuando dice:

“Y más allá de la moral situada

de mi esférico vientre en el esfuerzo,

ha de nacer, no un alma acongojada

sino un dominador del universo…”

Eduardo Muñúzuri, en la presentación del libro “Meridiano de Orquídea y Niebla” (1954), dice de Lilian: “Poeta de evocación es Lilia… nunca su canto sube tanto, como cuando hace memoria y el pasado recoge sus estrofas: la juventud florida, el hijo presentido, el amor soñado, la madre desaparecida, la casa lejana, y todo sumergido en la espesura de la nada y salvado en el milagro que rescata del olvido a los seres amados y los bienes idos…”. Y, puntualmente, sobre el libro: “… son dos docenas de poemas en un librito decoroso de cien páginas, donde su diapasón toca un acorde más bien triste, pero endulzado por la limpia sonoridad del verso, con un recogimiento íntimo de hondas sensaciones líricas y luminosas clarividencias de fugas infinitas al enigma; iba a decir: al abismo”.

Y a propósito del libro, este es uno de sus excelentes sonetos:

ME NOMBRA EL VIENTO

Nací en la plenitud de un mediodía,

por marzo vegetal y alucinado,

con sol en las pupilas, sol rosado,

vuelto sangre en niñez de profecía…

En la curva del mundo amanecía

el amor, entre lirios conturbado;

y al colmarse de cielo mi costado,

en polvo sideral me estremecía…

Candor de arrullos, y aire distraído

de palomar, volcábase a mi oído…

Hoy un vago recuerdo me concilia.

Y si angustia de amor, mi vida asombra,

sólo es viento de marzo que me nombra,

en el trinar bisílabo de: Lilia.

Lilian se fue. Partió en silencio, Pero, las calles de San Salvador, que sostuvieron sus vacilantes pasos de sus últimos años, por imperativo de la creación sublime, eternizarán su memoria; y la historia literaria del país y la del continente harán lo propio, ante el recuerdo perenne de Lilian, siendo como es ahora, por derecho propio, huésped de la eternidad…!  (RAO).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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