Trigueros de León: medio siglo después…

Entre las tantas efemérides de este mayo invernal, el miércoles 20 se conmemorará el 50 aniversario del fallecimiento de uno de los reconocidos escritores salvadoreños, de mediados del siglo pasado: Ricardo Trigueros de León.

Mayo, mes pródigo en días especiales: el 1º, Día Internacional de los Trabajadores (no del Trabajo); el 3, Día de la Cruz y de la Libertad de Prensa; el 7, Día del Soldado; el 10, Día de la Madre; el 15 Día de la Enfermera… y el 23, como ofrenda especial al espíritu, la Beatificación/Canonización de Monseñor Romero. Y con ellos, los aniversarios de los poetas Roque Dalton y Ricardo Trigueros de León…

A pesar del tiempo transcurrido, frescas están las palabras que, como sentida elegía, pronunciara Salarrué a la hora del sepelio de Trigueros de León, aquel 20 de mayo de 1965, hace justamente 50 años: “En mayo suelen morir nuestros poetas, cuando se les llama en juventud. Con las cigarras se van, invocando la frescura del agua fecunda…” Y ahora, con el florecer de un nuevo mayo, la voz del poeta parece rediviva, por su obra literaria, recopilada y dispersa.

Ricardo Trigueros de León nació en Ahuachapán, el 13 de noviembre de 1917. Con su vocación temprana por las Letras, cultivó todas las ramas de la Literatura, a las que hizo acompañar los estudios de Derecho, que logró culminar con el doctorado, pocos años antes de su muerte. Además, por sus dotes de indiscutible editor literario, puede considerársele pionero y promotor del desarrollo de la tradición editorial en El Salvador. Apasionado del fomento de los procesos culturales y artísticos, fue fundador de la Casa de la Cultura de San Salvador. Por espacio de 12 años hasta 1960, fue Director del Departamento Editorial del Ministerio de Cultura y, a partir de 1961, Director General de Publicaciones del Ministerio de Educación. Dirigió “Guión Literario”, un folleto (suplemento cultural) vocero de su entidad, que después de su muerte quedó en buenas manos: las de Claudia Lars y Alfonso Orantes.

Trigueros de León estrechó relaciones con intelectuales del continente. Lo confirma la siguiente anécdota, de la cual, tangencialmente, fui parte: La escritora Matilde Elena, mi maestra de Literatura, en su noble afán de enseñar, conducir y apoyar a sus alumnos del 2o. Año de Letras, en la Universidad de El Salvador, en 1961 gestionó la venida del maestro Ermilo Abreu Gómez (1894-1971), novelista y dramaturgo mexicano, para que nos impartiera Lingüística, una herramienta muy valiosa para los estudiosos de la Literatura. El maestro era un hombre sencillo, muy bajo de estatura, pero con solvencia y aplomo especiales en el manejo de las artes literarias. Recuerdo que todas las noches, a las ocho y media, con discreción entraba al aula un personaje de tez blanca, alto, con traje deportivo, generalmente vistiendo pantalón blanco y saco beige. Era el poeta y editor distinguido Ricardo Trigueros de León.

El visitante se sentaba, atento y silencioso, al fondo del salón y ahí esperaba el final de la clase. Luego ambos, evidenciando aprecio especial y admiración mutua, bajaban las escaleras del vetusto edificio de la Facultad de Humanidades, antes Colegio Sagrado Corazón, ubicado entonces casi frente a la Central de Telecomunicaciones en el centro de San Salvador; y se dirigían al parqueo, donde les esperaba el vehículo de Ricardo. Media hora después, mientras yo me dirigía hacia mi casa y pasaba frente a la cafetería La Corona, sobre la Avenida España, veía a la pareja de escritores en amena charla, quien sabe hasta qué horas de la noche. Fue un ritual inolvidable de dos admirados intelectuales que, religiosamente, compartían vivencias, esperanzas y sus buenos deseos para las letras latinoamericanas. Y como el maestro Abreu Gómez, muchos fueron los contactos de Trigueros de León, en el campo editorial-literario.

Y es que el poeta, además de creador, fue editor-divulgador de la obra de muchos intelectuales: “Reunía -dicen sus biógrafos- todas las características imprescindibles en el oficio editorial, conocimiento de las técnicas de imprenta, capacidad de gestión y, quizás la más importante, amor por los libros, por los de otros (que es lo que define medularmente al editor) y por los propios…”

Gran creativo literario, entre sus obras destacan: “Campanario”, 1941; “Nardos y estrellas”, 1945; “Presencia de la rosa”, 1945; “Labrando en madera”, 1947; “Perfil en el aire”, 1955; y “Pueblo”, 1960, entre otras.

Multifacético como era, también ejerció el periodismo, desde redactor cultural en importantes medios impresos y radiales, hasta dirigir la Escuela de Periodismo de la Universidad de El Salvador. Precisamente, Trigueros de León era el director, el año de mi ingreso a la Escuela de Periodismo (1959-1960). Como dirigente gremial, según archivos, fue secretario de actas de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), mismo cargo que, años después, me tocó desempeñar, durante varios períodos.

Hoy, cuando se cumplen 50 años del fallecimiento de Trigueros de León, justo es reconocer, aunque sea parcialmente con estas líneas, su trayectoria como editor y literato. Y para cerrar este recordatorio, nada más oportuno que ceder el espacio final a las palabras con las que Salarrué lo despidiera, a la hora en que Ricardo iniciara su partida: “Plugiera a Dios que esta fosa fuera un surco y este cuerpo una semilla, para que Cuscatlán pueda tener cosecha de hombres como él: hombres que la levanten y la hagan lucir como él lo hiciera, sin intención, con su trabajo de amor…” (RAO).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: