La política demanda coherencia.

Si bien la política es servicio, su ejercicio requiere seriedad y coherencia para evitar un manoseo del concepto, que pueda hasta llegar a desnaturalizarlo, en perjuicio de quien, a pesar de sus buenas intenciones iniciales de servir a la sociedad y a la Patria, de pronto, de potencial servidor, puede convertirse en alguien hartamente servido, únicamente por lealtad/obediencia a una falsa línea partidaria, en contradicción con la sabia sentencia del poeta y patriota cubano José Martí: “A la Patria se le sirve y no se le toma para servirse de ella…”

Estos casos son tan frecuentes de ver en el país, especialmente en época electoral, como la de ahora. En un momento dado, el afán limpio de servir del buen ciudadano, se ve no sólo defraudado sino que, como miembro o simpatizante del partido, y ya sin posibilidades de regreso -como en arena movediza- se vuelve cómplice de las acciones antipopulares de su partido, desconociendo principios y normas morales. -“Es línea del partido ¿y para dónde”?- dice justificando. Pues de regreso, a menos que quiera seguir perdiendo simpatía y credibilidad…

Y surgen así los conflictos internos del militante o simpatizante, por actuaciones dudosas e innobles de la dirigencia partidaria, a la que -sin objeciones- debe apoyar, aun cuando pongan a prueba sus principios morales y ciudadanos. O lo toma o lo deja, le dicen. Y muchos, ni modo, lo toman. Pocos, poquísimos, lo dejan. Para los primeros seguirá el conflicto. Para los segundos, aunque lenta, les llegará la paz interior que todo ser humano necesita.

Un caso emblemático y sorprendente de incoherencia política y cristiana de los últimos días, por ejemplo, ha sido -es- el giro en redondo del partido ARENA, al venir hoy a ponderar y exaltar la figura de Monseñor Romero -futuro Santo de América- cuando nadie ignora los vilipendios e insultos que sufrió en vida, por parte de dirigentes y militantes de ese partido, con amenazas de asesinarlo por “predicador comunista”. Y las amenazas se cumplieron: Monseñor Romero fue asesinado por escuadrones de la muerte, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del Hospital Divina Providencia, de San Salvador.

Si bien en aquel entonces el partido ARENA no había sido fundado, documentos de la Comisión de la Verdad y otros testimonios fehacientes, dan fe de que el horrendo crimen fue ordenado por quienes -autores intelectuales- un año después fundaron el partido, entre ellos el Mayor Roberto D´Aubuisson… en aquel entonces, en oscura campaña mortal, la sentencia oficial: “Haga patria, mate un cura” dio sus frutos: murieron asesinados los sacerdotes Cosme Spessoto (Franciscano), Rutilio Grande, Alfonso Navarro, Alirio Napoleón Macías, Ernesto Barrera, Octavio Ortiz, Rafael Palacios y otros diocesanos… y, además, los seis jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Amando López, Joaquín López y López, Juan Ramón Moreno y Segundo Montes, y con ellos dos humildes servidoras Elba Ramos y su hija Celina Mariceth… Todo eso y más, forma parte de la historia nacional…

Y ahora, después de tantos años de silencio y de odio reprimido contra el profeta, las vestiduras son rasgadas; y hoy resulta que Monseñor Romero -según altos dirigentes y militantes del partido- era un “ser especial, ni de izquierda ni de derecha, sino un predicador muy humano…”. Claro, hoy sí, pues hasta el Papa Francisco exalta y pondera su egregia figura, hasta casi prometer que pronto Monseñor Romero subirá a los altares. Además, es época de campaña electoral. Y es aquí donde se da el conflicto: dirigentes y militantes católicos -verdaderos católicos- del partido, ponen en duda la coherencia cristiana, sin desconocer que estas expresiones de su partido, sin ninguna credibilidad, son parte de la estrategia electoral, a las puertas de las elecciones del 1º. de marzo, para alcaldes y diputados.

Ningún intento éste de deformar la realidad ya conocida y menos de perjudicar a personas o a entidades políticas. Es un caso a guisa de ejemplo, porque muchos, parecidos o de peor incoherencia, se dan, con frecuencia y abundancia, en algunos de los otros partidos políticos del país; y, además, no son estrategias o recursos propagandísticos privativos de las campañas políticas de El Salvador. Se dan a nivel mundial. Pero sí, es preciso reflexionar sobre ellos, sean de donde sean y vengan de donde vengan, en aras de ir construyendo un clima político de controversia y debate serio, pero de altura y sinceridad políticas. La política es seria y demanda un ejercicio coherente… (RAO).

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