El CAPUES: 40 años después.

Columna de la serie “Como decíamos ayer…”, publicada en Diario CoLatino, 19 de enero de 2015.

Hace justamente 40 años, en enero de 1975, fui destituido temporalmente como director de la Escuela de Periodismo, de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador, por el decano Arturo Salazar, con instrucciones de la gubernamental aplanadora anti universitaria del Consejo de Administración Provisional de la Universidad de El Salvador (CAPUES), que -desconociendo a la legítima Rectoría y sus organismos- administraba circunstancialmente nuestra Alma Mater, intervenida militarmente por el gobierno de Arturo Armando Molina, en 1972.

Mi destitución fue temporal, porque una huelga docente-estudiantil de 3 meses: enero-febrero y marzo/1975, a nivel de la Facultad, me reivindicó en el cargo, como reivindicó en su derecho al trabajo a otros docentes, cuestionados como yo: unos, por no cumplir con los tiempos legales para ejercer cargos y otros por no estar incorporados, ya que se habían graduado en el exterior. Éramos unos 30 docentes “en vilo”. La huelga finalizó triunfante, con acuerdos legales: restitución en los cargos, pago de salarios suspendidos y cese de persecución “legalista”, entre otros. La UES iniciaba el retorno a su legítimo accionar académico de antes, suspendido aquel nefasto día de la toma…

A mediados de 1972, Molina, con delirio anticomunista, intervino militarmente el sagrado recinto de la UES; destruyó y hubo robo de valioso equipo y material didáctico, expulsó a docentes capaces, cerró y destruyó aulas y, lógicamente, se suspendieron las labores. En los meses siguientes, el CAPUES nombro a docentes “escogidos” por afinidad ideológica. Por su parte, varios docentes de la Resistencia lograron nombramientos de profesores de vocación y raigambre universitarias. Yo, graduado en abril/72, laboraba afuera. Dos docentes amigos me visitaron: el poeta Uriel Valencia, de Letras; y Moisés Urbina, de Filosofía.

El resultado fue que terminé integrando la planilla docente que reabriría Periodismo, en enero de 1973.
Un año después, por circunstancias propias de la improvisación y la incapacidad, se dio la depuración que debilitó la planilla Molina-CAPUES. En febrero, una alianza docente-estudiantil (AGEUS-SECH-AEP) me llevó a la dirección de la Escuela de Periodismo, contra el desacuerdo de una minoría de docentes que, quizás, obedecía más a cierta lealtad con el director saliente que a oposición al proceso. Era de tomarlo o dejarlo. Ellos, sabiamente, lo tomaron. Y a partir de ahí, la marcha de la Escuela fue armónica y productiva.

Faltaba la reacción oficialista. Se destituyó al decano de Ciencias y Humanidades, René Vaquerano. El nuevo decano, Salazar, en represalia por la unidad docente-estudiantil que había originado el cambio, nos hizo objeto de ataques diversos. Pasquines insultantes y la policía “universitaria” hostigando…

Particularmente, me suspendieron el salario por dos meses, por mi “nombramiento ilegal” (era cierto, porque no tenía los 5 años de graduado para ejercer el cargo); pero, al final, un decreto estipuló que mi caso, como el del resto de docentes cuestionados por “ilegales”, se había dado ante el necesario reinicio, eficiente y organizado. Sin embargo, siguieron subterfugios y otras maneras de obstruir el trabajo administrativo y docente. Y, a la menor oportunidad, vino mi destitución temporal… pero luego, la huelga, los acuerdos y las reivindicaciones: fui restituido como director, pero, para evitar ilegalidades, se integró una Comisión Directora, de la cual fui nombrado Coordinador General, junto a dos excelentes compañeros: René Contreras y Ricardo Calderín. La Escuela de Periodismo reinició…

Hoy, 40 años después, aquel capítulo tenebroso de la UES es historia. Historia como toda la suya, llena de heroicos y ejemplarizantes actos de estudio y lucha, de reivindicación popular, especialmente cuando los anti Alma Mater han querido desconocer su autonomía y someterla a feroz, alienante y deshumanizada dependencia. Sin más intervencionismo, la UES seguirá, formadora y altiva, a cumplir su sagrado destino. (RAO).

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