El silencio dijo la verdad.

EL SILENCIO DIJO LA VERDAD

Renán Alcides Orellana

A finales de septiembre/2009 se conoció la denuncia. Nancy Orellana denunció públicamente la apropiación indebida de algunos poemas suyos, por parte de Kenny Rodríguez. El deplorable hallazgo literario fue gracias a la Editorial La Cabuda Cartonera, de los inquietos y noveles editores Alma y Dany. El libro ¨Cuarto Creciente¨ de Kenny, editado por ellos, tenía entre sus poemas varios que Nancy descubrió como suyos, en cuanto se anunció el recital de presentación del libro. Como era de esperar, Nancy reclamó. Y como era de esperar también, Kenny lo negó; y, además, evadió de manera sostenida la confrontación de textos, que era la salida más lógica para verificación.

Y se dio el silencio avestruciano que, inevitablemente, evidenció que la demanda por apropiación indebida de los poemas de Nancy, no sólo tuvo sentido sino que demostró la verdad y, por tanto, fue de total justicia. Un silencio diciendo a gritos la verdad, como para ratificar la expresión popular “el que calla otorga”. Y así otorgada la verdad gracias al silencio, esta nueva afrenta contra la dignidad literaria, quedará ahí como otro más…

¿Cómo otro más? No, como otro más sin efectos, no. Quizás los poemas continuarán saliendo en páginas Web y suplementos literarios, pero cada vez serán señalados como poemas ajenos y no propios de quien dice ser la autora. Además, dejó en evidencia a quienes de buena fe o por una solidaridad generacional mal entendida, o por mero antojo, se sumaron al intento de engaño contra el mundo lector; y más, a quienes irreflexivamente llegaron hasta la advertencia/amenaza en arrogante y fugaz intervención inicial, pero que, sin duda confirmada la verdad, fue decayendo y cayendo también en total silencio avestruciano, diz que para no seguir más en el problema. Silencio y riesgo. Cobraba vida la frase de Monseñor Romero: ¨Gracias a Dios hemos puesto el dedo en la llaga¨, cuando la represión lo amenazó por decir la verdad.

Quienes nos solidarizamos con Nancy Orellana, y ella misma, esperamos que después de habérsenos considerado verdugos, no seamos víctimas de verdaderos verdugos. Estoy seguro de que no podrá ser. Y hasta pienso que puede haber rectificación ¿y por qué no? hasta una virtual reconciliación, porque la voz y el reclamo de justicia de los poetas mártires demanda coherencia, si de veras queremos honrar su memoria. De lo contrario, y entre tanto, el prestigio poético seguirá decayendo en el sentir de la sociedad.

Al final de tan deplorable capítulo, yo particularmente como padre y escritor, doy gracias a mi hija Nancy: primero, por ser una auténtica poeta sin alardes de tal y, segundo, por su valentía en procura de la justicia y por su defensa también valiente, y contra todo riesgo, del derecho humano a la comunicación y a la propiedad intelectual.

Gracias también a tantos escritores y amigos solidarios con Nancy, especialmente al poeta y licenciado en Derecho Rafael Mendoza, quien pese a la amistad con todos los sectores literarios, se pronunció por la verdad, demandando públicamente una honesta aclaración hacia la justicia, seguro como estaba, por comprobación propia, que la razón siempre estuvo y está a favor de Nancy. Como entendido en leyes, el poeta Mendoza hizo honesto acopio, sin duda, de la sentencia del jurista Eduardo Couture en su decálogo a los hombres de leyes, al decir: ¨Cuando en tu vida te veas ante la disyuntiva de decidir entre la justicia y el derecho, decídete por la justicia¨.

Gracias a Diario Co Latino, especialmente a la página literaria Trazos Culturales; al poeta y periodista Luis Chávez, a varias páginas virtuales y a otras publicaciones, por contribuir con la palabra verdadera al esclarecimiento de la verdad y al fortalecimiento de la justicia.

Gracias también ¿y por qué no? a quienes, por haber sido sorprendidos o no por el engaño, intentaron cerrar filas para, en bloque y de un tajo, ¨pulverizar¨ mi trayectoria personal, periodística y literaria; sí, gracias, porque me permitieron conocer la verdadera solidaridad de muchos contra el mal accionar de unos pocos.

Gracias a la Editorial La Cabuda Cartonera porque, por su edición, aunque sin proponérselo permitieron salirle al paso a otro lamentable suceso literario, que de no haber sido así seguiría constituyendo un engaño más al dilecto mundo lector.

Gracias, finalmente, al silencio por decir la verdad: que los poemas de Nancy Orellana, que desde hace tiempo han sido presentados por Kenny Rodríguez como suyos, son de quien con valentía y honestidad los reclama y no de quien, sin valentía, ni intenta un mínimo reclamo porque, verdaderamente, nunca fueron suyos. Además, la autoría autorizada la conserva el CNR…

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