De lo malo de la incoherencia a lo grave de la impunidad

Mientras los resultados de las elecciones del pasado domingo en Honduras siguen generando intranquilidad en la población e incertidumbre sobre el destino del presidente constitucional José Manuel Zelaya, aquí en El Salvador se fortalece la esperanza del cambio hacia el bien común, mediante propuestas y acciones que permitan un desempeño profesional coherente y con transparencia; y, con ello, una lucha franca contra la impunidad.

La reciente creación de la Subsecretaría de Transparencia (ST) parece intentar el logro de ese objetivo, como ente responsable ante posibles actos de corrupción que se detecten durante el presente gobierno. Para ejemplo, y como uno de tantos buenos indicios: “hay que fortalecer el sistema de contraloría interna y eso pasa porque los auditores internos no solamente rindan informe a su titular, sino a una oficina presidencial”, señala entre otros objetivos el Subsecretario, Marcos Rodríguez (La Prensa Gráfica, noviembre 23/2009); agregando que, además, “hay una propuesta legal de transformar la Corte de Cuentas en un organismo más serio, aunque eso depende de la correlación parlamentaria; pero sí, habrá que fortalecerla actualizando su ley marco”, dijo Rodríguez. Claro, porque el actual proceso de cambio impone una reestructuración integral, especialmente en la dirigencia de dicha Corte, que ha veniso siendo secuestrada por arreglos partidarios PCN-ARENA-PDC. Sus acciones son más para encubrir que para descubrir. De seguir igual, toda transformación será más de lo mismo. Es preciso cortar el mal viejo de la incoherencia laboral, en aras de erradicar también el otro mal viejo y grave de la impunidad.

Habrá que ver si estas funciones no chocan con las del Tribunal de Ética Gubernamental (TEG), aunque se afirma que en vez de coincidentes serán complementarias, pues mientras la nueva dependencia únicamente fiscalizará al Órgano Ejecutivo, el TEG, desde su creación, lo hace -debió hacerlo- en función de todo el aparato estatal. Sin embargo, quizás por esta amplia cobertura o por falta de garras de la Ley o por lo que sea, los resultados del Tribunal no parecen satisfacer a la población. Todo parece girar alrededor de anuncios preventivos o declaraciones sobre denuncias aceptadas, sin sanciones adecuadas, más que alguna prevención leve o amonestación escrita, que la población percibe hasta tolerante en determinados casos. Fresco el recuerdo, entre otros, de la simple amonestación al ex Ministro de Salud por favorecer a su empresa médica, cuando debió ser sanción mayor por el evidente conflicto de intereses, que fue desvirtuado alegando que la empresa era familiar y no de él. La falta de transparencia y coherencia en este como en otros casos en archivo, sigue ahí. Las nuevas acciones coordinadas entre ST y TEG, sin embargo, pueden ser de beneficio para la sociedad, en cuanto a la seguridad de confiar en el desempeño transparente de los funcionarios.

Tribunales como estos deberían crearse también a nivel  privado, donde de igual manera hay fallas administrativas frecuentes, sin más control y reclamo que el del propietario mismo, pero desconocidos por la población. Es decir, que tanto en lo oficial como en lo privado deben fiscalizarse, realmente y con seriedad, las funciones que, a través del tiempo, han venido afectando seriamente a la sociedad. Fallas por incoherencia hacia la impunidad, en todos los rubros. Hay ejemplos diversos. Con ingerencia oficial y privada, ahí están para malos recuerdos: Fomiexport, Crediclub, Credisa, Insepro/Finsepro, ISSS, INDES, ANDA, BFA, MSPAS, OBC y tantos otros. También en el campo intelectual, se vuelve necesaria e importante la vigilancia/fiscalización porque, como rubro que pocos toman en cuenta, también permite fallas y hasta cometimiento de delitos como suplantaciones y plagios, aunque en mínima escala. Sin embargo, estos casos, -aunque negados con complicidades o hábilmente escondidos al amparo del silencio- si bien pareciera que pasan desapercibidos, en realidad reciben sanción moral de la población, cuando como siempre, al final, resultan descubiertos.

En este pasado noviembre, sin embargo, se ha hecho justicia a verdaderos y honestos patriotas del pensamiento, la conciencia social y la fe, quienes, por honrar la dignidad de los salvadoreños, fueron asesinados salvajemente por el terrorismo y autoritarismo de estado, en distintas fechas: los Jesuitas, Elba y Celina, Enrique Álvarez Córdova y con él los otros patriotas del auténtico FDR, las misioneras Mariknoll, los poetas Jaime Suárez, Alfonso Hernández y los demás no menos valiosos, coherentes y honestos; y con ellos, tantos miles de mártires, quienes -por hacer vida la inspiración tutelar de Monseñor Romero- cayeron en aras de la lucha por la justicia y la honestidad. Estos muertos queridos son la antítesis de los defraudadores sociales, políticos e intelectuales prepotentes que todavía, con sus accionar deshonesto y reprochable, van desde lo malo de la incoherencia a lo grave de la impunidad. Aunque quizás, ya no por mucho tiempo… ¡Así sea!

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