Recordatorio ante merecida nominación CENTA/MAG: “Enrique Álvarez Córdova”

1980 (+) –noviembre 27- 2009

Fragmentos del libro LO QUE PASA CUANDO EL TIEMPO PASA
(RAO, Taller Gráficos UCA, San Salvador, agosto/2009), en ocasión
de la nominación el 27 de noviembre de 2009.

“… La oportunidad para mi salida de la Asamblea Legislativa se dio el 14 de mayo de 1970. Me fui al Ministerio de Agricultura y Ganadería, mediante solicitud y propuesta del poeta Hildebrando Juárez, amigo y compañero de afanes literarios y periodísticos, para entonces Jefe del Departamento de Información Agropecuaria. Yo asumía la jefatura de la Sección Editorial de esa institución. Y qué bien, porque el titular del Ramo era Enrique Álvarez Córdova, acaudalado agricultor y ganadero con un gran potencial de conciencia social. Como lo reseñaré más adelante, años después fue vilmente asesinado por un comando del ejército salvadoreño, por pronunciarse en contra del autoritarismo y la represión, y por abogar por las causas populares.

Siempre pensé que lo mejor de todo en esta etapa ministerial era ver a un funcionario con visión social y humanista como Álvarez Córdova, desprendido de bienes materiales a pesar de ser un acaudalado agricultor y ganadero, con proyecciones claras, además, hacia el servicio a la población más humilde. Su segundo en el mando, el viceministro Francisco Lino Osegueda, era el soporte técnico con honestidad y capacidad. El mayor ideal de Álvarez Córdova era la ejecución de un verdadero programa de Reforma Agraria, el cual, según decía, debía implantarse a toda costa, y lo antes posible. Lo consideraba urgente. Era un hecho conocido que desde antes y para entonces, el sesenta por ciento de la tierra pertenecía al dos por ciento de la población; es decir, a terratenientes que la utilizaban para los cultivos de exportación, como café, azúcar y algodón, y actividades ganaderas.
Urgía un proyecto de verdadera Reforma Agraria para volver un tanto más equitativa la tenencia de la tierra; pero, por ser un asunto político y no de propiedades precisaba de una decisión también política, con la voluntad y el aporte paralelos de los terratenientes, si de veras se buscaba la justicia y equidad en beneficio de la Nación. Álvarez Córdova lo sabía y unos dos años antes, en 1969, como ministro había presentado un proyecto de Reforma Agraria a la Asamblea Legislativa, entrega de la cual yo había sido testigo. También me había dado cuenta de que, adrede, había sido engavetado.
Un día con cierto aire de timidez le pregunté:

– Ministro, ¿y aquel proyecto de Reforma Agraria que usted presentó a la Asamblea Legislativa hace algunos meses, qué destino tendría?

Me miró. Y con gesto de entre desencanto y coraje, sentenció:

– Dormirá el sueño de los justos.

Y luego, con acento más grave aún, sentenció de nuevo:

– Si no se implanta ya la Reforma Agraria en el país, antes de quince años habrá un estallido que puede llegar hasta la lucha armada. Hay mucha injusticia en la tenencia de la tierra. Yo, por eso, ya he hecho mi propia reforma agraria en mi hacienda El Jobo de Sonsonate-, concluyó con suma gravedad.

Ambas afirmaciones eran ciertas: meses atrás Álvarez Córdova había presentado aquel proyecto a la Asamblea Legislativa; y por el otro lado, don Enrique, como le llamaban quienes le apreciaban, especialmente sus colonos, había establecido un plan administrativo y de redistribución de la tierra, que favorecía a la gente que en su hacienda El Jobo eran sus colaboradores. El estallido social que pronosticara fue una realidad algunos años después…

… A raíz del golpe de Estado de 1979, Álvarez Córdova formó parte del nuevo gabinete de la Junta Revolucionaria de Gobierno, asumiendo la cartera de Agricultura y Ganadería, misma que había conducido años atrás, precisamente cuando había sido mi jefe. Su objetivo era impulsar reformas en el agro, especialmente la Reforma Agraria. Pero, dos meses y medio después, de nuevo la frustración; y el 2 de enero de 1980 renunció junto a otros miembros del gabinete, debido a que los gestores del golpe habían vuelto a ser marginados por argucias y medidas estratégicas, que devolvían el poder a los viejas estructuras militares, a las que el movimiento de jóvenes oficiales había derrocado.

Álvarez Córdova se fue a la clandestinidad. Desde ahí siguió la lucha como presidente del Frente Democrático Revolucionario (FDR), hasta que un día, el 27 de noviembre de 1980, un comando militar lo capturó al interior de las instalaciones del Colegio Externado San José y, posteriormente, lo asesinó junto a otros patriotas del movimiento rebelde: Juan Chacón, del Bloque Popular Revolucionario (BPR); Manuel Franco, de la Unión Democrática Nacionalista (UDN); Humberto Mendoza, del Movimiento de Liberación Popular (MLP); Enrique Barrera, del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR); Doroteo Hernández, de la Unión de Pobladores de Tugurios (UPT), José María Maravilla y Francisco Barrera, representantes de otras organizaciones sociales. El ejército salvadoreño los asesinó, cumpliendo órdenes de la oligarquía, por su demanda de justicia y su entrega patriótica.
Sus cadáveres fueron encontrados con señales de tortura en zonas periféricas de San Salvador, en las proximidades del lago de Ilopango. Informaciones periodísticas dieron a conocer oportunamente que el comando secuestrador había actuado por “órdenes de un militar de alta graduación”, ahora en situación de retiro, y quien, bajo el pseudónimo de Comandante Aquiles Baires, dirigía la Brigada Anticomunista Maximiliano Hernández Martínez. Las órdenes de Baires, se dijo, eran aniquilar totalmente a aquel grupo de valientes patriotas, quienes hoy y siempre serán reconocidos como héroes del movimiento revolucionario salvadoreño. Yo me encontraba padeciendo mi exilio en Panamá, y la noticia me quebró humanamente.

Consumado el hecho, el comando asesino dio a conocer el comunicado siguiente: “A la ciudadanía en general, hacemos saber: que este día, una escuadra de la Brigada Anticomunista “General Maximiliano Hernández Martínez”, nos responsabilizamos del ajusticiamiento de los comunistas del Frente Democrático Revolucionario-FDR”: Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Enrique Barrera y Humberto Mendoza, por ser los responsables materiales e intelectuales de miles de asesinatos de gente inocente que no quiere ser comunista”. Posteriormente, se confirmó la versión periodística sobre los autores intelectuales de tan abominable crimen, pertenecientes a estructuras del ejército y de la Policía Nacional. El 4 de diciembre, los miembros del FDR asesinados por el ejército salvadoreño fueron enterrados en la Catedral Metropolitana de San Salvador, en medio de disturbios y protestas populares.

Ahora, casi tres décadas después, éstos y otros mártires son semilla para fortalecer el proceso democrático en El Salvador, semilla que en marzo de 2009 llevó al movimiento revolucionario a la conquista del poder, después de tantas décadas de padecer gobiernos despóticos y tiranos, de raigambre represiva y dictatorial…”

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Una respuesta to “Recordatorio ante merecida nominación CENTA/MAG: “Enrique Álvarez Córdova””

  1. En esa epoca circuló en la U. Nacional, el rumor que el Coronel Caranza, para entonces director de la Guardia Nacional, fue el que dio la orden de ese asesinato.

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