Plagio: práctica innoble que ya no debiera ser.

Cuando alguien es poeta de a de veras, ¿qué le impulsa o que necesidad tiene de plagiar -piratear- un libro, un poema o simplemente un verso de otro? Por esas cosas del azar, he vuelto a darme cuenta de que tan lamentable práctica subsiste, como los casos de los que fui testigo distante hace algunas décadas. Sólo que ahora ni simple testigo, ni mínimamente distante; sencillamente, y de alguna manera, protagonista afectado:

El pasado martes 28 de septiembre, la Cabuda Cartonera Editorial publicó en la página literaria Trazos Culturales de Diario Co Latino, a cargo de mi especial amigo poeta Néstor Martínez, un anuncio/invitación a la presentación del libro “Cuarto Creciente”, el día 29, promovida por la editorial y otras dos organizaciones relacionadas. El recital estaría a cargo de Kenny Rodríguez, abogada y poeta, como autora del libro. El anuncio señalaba el título mencionado y, además, lo hacía acompañar de un poema de igual nombre “Cuarto Creciente”.

Y, sorpresa. Ambos títulos, de inmediato me hicieron retroceder en el tiempo, hasta a principios de los años noventa y, de inmediato, pensé también en Nancy Orellana, mi hija, socióloga y escritora. Claro, porque ese poema y otros de Nancy, que fui a comprobar en los archivos familiares, coincidían, casi literalmente, con los que fueron presentados en el recital de la Cabuda Cartonera.

El poemario “Confesiones entre tiempo” (1992-1994), con que el que Nancy Orellana participó en un certamen literario en aquellos años, contiene el poema citado y otros con los que Kenny Rodríguez integra su libro. ¿Cómo no los iba a recordar y reconocer yo, si en aquel entonces nos fueron mostrados por Nancy, después de que el fallo se hubo dado? Algo, entonces, me hizo ir a la comparación y luego a comprar el poemario de Kenny Rodríguez, para saber si estaba en lo cierto. Y lo estaba, y lo estoy. Para muestra, el principal botón (compare el lector):

Nancy escribió en 1992:

Uña preciosa
filuda
pequeña…
rasgá las soledades
hacé hilachas los días cansados y largos
rascame la espalda mientras espero.
Prendé al fantasma que me ronda
atrapalo
cazalo…
Uña linda
que quede colgada de vos
como un hilo
esta esperanza.

Kenny en su libro lo hizo así:

Luna
uña preciosa
filuda
pequeña…
rasgá las soledades,
hacé hilachas
los días largos y cansados
rascáme la espalda
mientras espero,
prendé el fantasma que me ronda
atrapálo,
cazálo.”

Luego, siguiendo la confrontación de textos, hay otros de igual manera idénticos. Sólo mencionados por espacio y para ejemplo. Además, ya habrá tiempo de exponerlos, si las circunstancias lo ameritan:

Nancy dedicó un poema a su sobrino Eduardito, ahora un joven de 17 años. Y lo comienza así: “Vos me devolviste el rostro orgulloso/ El inquebrantable rostro/ de quien se sabe amado sin traición/ Me hiciste imprescindible/ en mi terrible y querida miseria diaria…” (y sigue…)

Kenny, por su parte, lo dedica a su hijo xxx, y lo comienza así: “Vos me devolvés el rostro orgulloso/ inquebrantable rostro/ de quien se sabe amado/ sin traición, sin reservas, sin tapujos/ vos hacés imprescindible tu vocecita/ en mi terrible soledad diaria…” (y sigue…)

Y así, otros más, como el dedicado por Nancy a una amiga y compañera colegial de entonces (xxx) (16 de octubre de 1992): “Que cuesta soltarte, pequeña…” y el dedicado por Kenny a su hija xxx, que, por increíble coincidencia, dice: “Que difícil es soltarte, pequeña…

En papel y disquete de entonces, está el resto de poemas. Lamentable resto, porque no debió pasar, para que no hubiera sido necesaria esta aclaración pública. Sólo eso. Aclaración y, estoy seguro, el deseo de Nancy de únicamente evitar que su poesía, y la de otros, pueda seguir como propia en voces y renglones ajenos. Ningún interés protagónico o de perjudicar a alguien, de Nancy. Ni mío. Sólo un acto de justicia, porque lo demanda el respeto a la propiedad intelectual, pero, especialmente, la dignidad literaria nacional.

Un colega periodista, informado por alguien la noche del recital, me pidió mi opinión, a lo cual de inmediato respondí:

Como padre de Nancy, solidario total con ella, porque es su -nuestra- verdad.
Como escritor, indignado por esta práctica que creí anclada en el Siglo pasado.
Como periodista, mi impulso un tanto reprimido a petición de Nancy, aunque como se ve en esto fue imposible evitarlo del todo, por coherencia profesional.
Y si es cierto que de prisa se ha ido al Registro, después del evento, para alegar derecho a la propiedad, no tendrá sentido: 1. Porque no hay más interés que éste de hacerlo saber; y 2. Porque por la fecha posterior al evento, quedaría evidenciada por si misma una realidad…

Lamentable caso que no debió pasar, pero pasó… está pasando… ¡ojalá que pronto pase su pasar!…

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4 comentarios to “Plagio: práctica innoble que ya no debiera ser.”

  1. Lamento estas cosas, no deberia de darse, no se le quita a Kenny su amor por las letras, pero aprendamos a respetar al escritor, en este caso, respetar a Nancy. Saludos.

  2. Lo peor que hasta hizo un mal corte de verso y un mal tuteo. Qué cosas.

  3. […] a sus “compañeros y compañeras poetas”, por el cual les suplican (¿?) que tomen nota de un artículo mío “manteniendo total prudencia” (¿?) y afirmando, además, que “dependiendo de sus ataques… […]

  4. Saúl Baños Says:

    Metiendo la cuchara.

    La autora de una obra literaria o artística, tiene sobre ella un derecho de propiedad exclusivo, que se llama derecho de autor, éste comprende facultades de orden abstracto, intelectual y moral que constituyen el derecho moral; y facultades de orden patrimonial que constituyen el derecho económico.

    Entiendo que ni Nancy, ni Renán, persiguen el derecho económico, por que a ella la conozco y por que también sé que de publicarse y venderse todos los ejemplares del libro “de” Keny Rodríguez, dudo que ella obtenga alguna ganancia. Tampoco creo que ese sea su interés.

    En tal sentido, supongo, que la discusión debe centrarse en el terreno de orden abstracto, intelectual y moral que constituyen el derecho moral.

    El derecho moral de autor es imprescriptible e inalienable y comprende un sinnúmero de facultades, de las cuales, quiero destacar las siguientes: conservar y reinvindicar la paternidad de la obra -en este caso, la maternidad-; y, la de oponerse al plagio de la obra.

    Así las cosas, de ser cierto lo expresado por Renán, está en su legítimo derecho de reclamar que a Nancy, que es la titular del derecho de autora, se le reivindique el derecho.

    Discusión aparte merece el tema de si el o los poemas de Nancy estaban protegidos por la Ley de Propiedad Intelectual. No debe caerse en la confusión y creer que porque una obra no esté protegida por la ley, alguien pueda plagiarla. También recordemos que inicié escribiendo que estamos en el terreno de la discusión moral, y por tanto, ética.

    Presumo que no ha habido mala fe, ni de Kenny Rodríguez, mucho menos de La Cabuda Cartonera, más aún cuando la segunda se autodefine como “una editorial independiente que pública a nuevos y solidos valores literarios” (http://lacabudacartonera.blogspot.com/).

    También he leído el email que Dany dirigió a “los compañeros poetas” y no me parece nada conveniente.

    Lo mejor sería aclarar el malentendido inmediatamente, aceptando lo que hay que aceptar, quien lo deba aceptar.

    Penoso caso éste. Penoso.

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