Negociaciones eleccionarias para Fiscal son un obstáculo para la reconciliación nacional.

El final de todo conflicto bélico interno supone el inicio de un proceso integral -lento pero seguro- de los protagonistas hacia la recuperación, la estabilización económica y, sobre todo, a la reconciliación. Una reconciliación sin sometimientos, con respeto a ideologías, credo y costumbres, individual y colectivamente. Es decir, el intento y la búsqueda de un proceso realmente democrático. Después de los Acuerdos de Paz de 1992, el pueblo salvadoreño esperaba, con fe y esperanza, que ese intento lo llevara a la armonía, bienestar y desarrollo social deseados. El relativo entendimiento entre las partes, durante las negociaciones para tales Acuerdos, generaba esa esperanza.

Si bien callaron los fusiles, desaparecieron los campos de batalla y se desmovilizaron ambos ejércitos, ahora después de más de 17 años, sin embargo, siguen vigentes los disparos (delincuencia), los muertos (víctimas del crimen), los desterrados (emigrantes obligados), los refugiados (los ahítos de hambre), los damnificados (los pobres, desempleados, desencantados, frustrados, anhelantes de la paz). Siempre, las comparaciones son malas. Pero, estos símiles son necesarios para descarnar, y ver con transparencia y sin engaño, la realidad del país. Una realidad doliente heredada de las últimas décadas y agudizada por el accionar nada patriótico, al contrario deshumanizado e hiriente, de una clase política aprovechada (con excepciones apreciables por mínimas) y despojada de todo intento de salvadoreñidad que, ignorando el bien común, antepone el interés particular de las cúpulas partidarias y allegados incondicionales.

Hay muchas muestras. Por ejemplo, si alguna duda quedaba por ahí, sobre que el interés real de los diputados opositores era elegir un Fiscal General que, de veras, llenara los requisitos y, especialmente, las aspiraciones de justicia de la población salvadoreña, esa duda ya no es tal. Todo mundo, hasta los mismos diputados empecinados en elegir, a toda costa, al actual fiscal adjunto, saben que su empeño carece de credibilidad. Claro, porque, después de cuatro meses de “negociaciones” (de sus cúpulas partidarias), ni por asomo alguien les creerá que el interés de Nación está primero. No, primero está el interés de algún partido o de dirigentes de partidos, para que el cargo de Fiscal General esté en manos de alguien de confianza, para encubrir y no para descubrir.

Evidente: “{Henry} Campos se quedaría fuera de elección fiscal. Así lo dejó entrever el Secretario del PDC {Rodolfo Parker}”, tituló con despliegue una noticia El Diario de Hoy (agosto, 23/09); declaración que, sin mayor esfuerzo, demuestra el intento de justificar la “descalificación” de Campos y el inocultable interés partidario de una elección dirigida a favor de ciertos intereses. “Mientras tanto -dice la noticia- Parker indicó que el partido oficial, según las conversaciones que han sostenido, busca que la inseguridad se resuelva y {pero}, para tomarle la palabra, considera que es menester que el representante fiscal sea una persona con la que los sectores de oposición se sientan cómodos”. Pero, ¿cómodos de qué, en qué sentido o a efecto de qué? ¿Y la comodidad y satisfacción de la sociedad? ¿No es esto acaso lo más importante? Porque, no dirán que es porque los diputados “representan” a la población. No. Después de tanto desaguisado, la población claramente ha expresado que no se siente representada en la Asamblea Legislativa. Y ¿entonces, de qué clase de comodidad se está hablando?

En esa misma línea promocional, al fiscal adjunto Escalante -como para competencia desleal con el resto de sus colegas del Foro- últimamente se le ha visto beneficiado por el poder mediático más allá de lo acostumbrado y correcto, con inocultable intención. En Prensa, Radio y TV mañana, tarde y noche, en entrevistas, noticias, actos públicos… a lo mejor hasta desatendiendo parcialmente su despacho. Una publicidad gratuita, profusa, en la recta final de la elección.

Todo mundo tiene derecho a promocionar y promocionarse en todos los medios a su alcance. Es un principio de libertad. Lo que éticamente no se vale es utilizar cargos, eventos y recursos oficiales para, con respaldo mediático, lograr ventaja sobre los otros contendientes… sobre todo, cuando es tan evidente el rechazo popular. Rechazo porque, honesta y constitucionalmente, no es legítimo el cargo de adjunto y, sin embargo, se insiste en él. Además, al pueblo no le agrada ninguna imposición. “A este queremos”, dijo hace días el ex jefe de la bancada de Arena, refiriéndose a Escalante. Y eso está claro para el ciudadano común. Y peor, las “descalificaciones” sin ninguna propiedad, como las del diputado Parker cuando declara: “sería grotesco que aparezca un dirigente del FMLN como Fiscal” (¿?). Ah!, ¡la paja en el ojo ajeno…! Pobre favor a la reconciliación nacional. Los políticos deben aceptar que están en vitrina… que la población salvadoreña honrada ¡tiene muy buenos ojos!; y que, además, exige respeto a su dignidad e inteligencia…

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Una respuesta to “Negociaciones eleccionarias para Fiscal son un obstáculo para la reconciliación nacional.”

  1. señores del FMLN por favor no voten por astor escalante para fiscal, si lo hacen y terminan cediendo sera como un suicidio politico, el pueblo y la militancia les pasaran factura en 2012

    no se dejen presionar no cedan

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