Sin coherencia política será imposible una visión de país.

Después de los resultados del 15 de marzo, y el consecuente triunfo presidencial de Mauricio Funes-Sánchez Cerén-FMLN, la aparente aceptación de los sectores adversos al cambio, parecía mostrar y convencer que el país estaba a las puertas de un verdadero proceso democrático, evidenciado en la alternancia compartida. Parecía. Porque no era tal. Las cosas no siempre son lo que parecen.

Hubo, sin embargo, un amplio sector escéptico. Y, con toda razón. La experiencia de los últimos años era suficiente motivo para creer que, agazapada, la estrategia política era eso: apariencia. Aparentar aceptación, aunque no muy bien disimulada entre el 15 de marzo y el 30 de junio, mientras se tejían acciones, pequeñas o grandes, que a partir del 1 de julio desestabilizaran al nuevo Gobierno o, en el mejor de los casos, fomentaran la falta de credibilidad en la población. Hubo reconocimientos, elogios, adulaciones y hasta súplicas de perdón a Mauricio Funes por el mal trato verbal del que fue objeto durante la campaña; y, desde luego, la oferta de trabajar juntos con visión de país. Después de los comicios, él era nuestro presidente. De haber sido dicho con sinceridad, muy bien. Sin embargo, la población consecuente tenía razones para dudar.

No te cuides de los días nublados/ cuídate de los días tranquilos/ porque entonces algo traman…”, escribió un poeta amigo, hace más de tres décadas. Y tenía (tiene) razón. Los días posteriores a la toma de posesión del presidente Funes, lo han ratificado. Aquella aparente calma, crítica inofensiva y hasta halagadora aceptación, se transformó en constante y sincronizado reclamo de los sectores adversos: “¿cuándo cumplirá lo prometido? ¿por qué quita o pone a este u otro oficial de policía? ¿por qué no sigue tal plan económico? ¿qué ha hecho con tal o cual programa exitoso?”, para mencionar sólo unas cuántas interrogantes diarias. Es decir, sólo dos meses y miles de reclamos por incumplimiento de promesas; y, además, sugerencias sobre cómo se debe gobernar. Y durante 20 años anteriores ¿donde estaban esas voces? “Desmantelan la DECO”, expresaron los medios a grandes titulares. “Sí, el presidente Funes no debe hacer eso”, sentenció más o menos y de inmediato la ANEP, con el respaldo de algunos columnistas y presentadores. Y no era cierto. Pero el escándalo si lo fue. Luego, nada. De manera que no es necesario ser del Frente, del gobierno ni siquiera amigo de Mauricio Funes, para entender que, aparte de la razón que puedan tener algunos reclamos, el resto, lo magnificado, es algo que ya no confunde -o no debe confundir- a la población honrada. Por la verdad a esa población honrada, es imperativo luchar.

Bien por los reclamos justos, honestos, consecuentes. El pueblo debe fiscalizar la actuación de sus funcionarios. En países verdaderamente democráticos hay ejemplos, a diario. Dos casos ejemplarizantes publicó La Prensa Gráfica, en una misma edición y página (agosto 1/09, p.52): “Costa Rica: Ex presidente en juicio. La Fiscalía de Costa Rica pidió a un tribunal penal una condena de 24 años de cárcel para el ex presidente Rafael Ángel Calderón, acusado del delito de peculado…”; y el otro: “Estados Unidos: Renuncia otro edil acusado de corrupción. (AP). El alcalde del condado de Hoboken, Nueva York, Peter Cammarano III, renunció luego de solo tres semanas en el cargo. El funcionario fue el último en caer en medio de una investigación por corrupción en la que 44 personas han sido arrestadas…”. Por aquí no hemos visto algo ni siquiera parecido. Y, que ha habido casos peores, los ha habido. Sin embargo, nadie quisiera pensar que con las elecciones del Fiscal, CdeC y el nuevamente cuestionado y anti popular “nombramiento” del tercer magistrado del TSE, se intenta evitar juicios de rigor por fallas administrativas de anteriores o actuales funcionarios.

Entonces, urge que la próxima elección del Fiscal General y magistrados de la Corte de Cuentas sea realmente patriótica. Sin aferrarse a “mi candidato sí, el tuyo no”, como es la razón del entrampamiento hasta la hora de redactar esta columna. No puede ignorarse que, desde antes del 1 de julio, se adivinaba el interés de la oposición porque, a toda costa, se eligiera a Astor Escalante. Y aún se aferran a eso. Aunque el mensaje que se quiere dar la población, es que “el Frente es el intransigente”. Sin embargo, el interés de ARENA es tan evidente que no necesita ser demostrado. Hay tanto profesional digno y honesto en el foro nacional, que seguir con ese empeño evidenciará más el interés, particular o de grupo, de que al final el pueblo salvadoreño reciba más de lo mismo. Se impone, pues, la real coherencia política, si se quiere legislar con Visión de País.

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