La corrupción y los golpes de estado no tienen espacio ya en Latinoamérica

Después de las elecciones del 15 de marzo, se insistió mucho en un proceso de transición presidencial armónico y transparente; y, en esa misma línea, el ex partido oficial ARENA reiteró la promesa de convertirse en una oposición constructiva y propositiva. Nada de acciones boicoteadoras o desestabilizadoras, sólo de vigilancia y cuestionamientos serios hacia el nuevo Gobierno, se dijo. Qué bien. Algunos lo aceptaron complacidos, varios con reserva; y los otros, quizás los muchos, un tanto escépticos le dieron, sin embargo, el beneficio de la duda. Era la duda popular producto de la experiencia, esa que ordena no olvidar fácilmente para no equivocarse dos veces.

Así se llegó a la hora de comenzar, hora inquietante con algo de incertidumbre. No se debe proceder a la siembra de semilla nueva sin explorar el terreno, por las malezas, espinas, reptiles peligrosos y bichos monteses, que puedan echarla a perder. Es imperativo reconocer el terreno, no sólo para anticipar acciones sino para evitar posibles fracasos. Los campesinos nobles, en su sabiduría, así lo entienden. El Gobierno de Mauricio Funes, Salvador Sánchez Cerén y el FMLN, llevada esta previsión al campo político, también lo tenía entendido. Y antes de labrar la tierra, o sea antes de iniciar su ejercicio presidencial, exploró el escenario que recibía. Y ahí, los escépticos parecían dueños de la razón, en cuanto a dudar de la transparencia

Apenas iniciada la exploración del terreno, el Presidente Funes dio las primeras voces de alerta y denuncia. Los hallazgos sobre corrupción exagerada del gobierno anterior, en todos los niveles (en unos más que en otros), crearon tal indignación que la población digna, aún hasta de militantes del partido ARENA, ha condenado el nivel de tolerancia hacia los ilícitos y el mal uso de la cosa pública del ex presidente Saca. El presidente Funes y funcionarios de su Gabinete preparan detalles y pruebas sobre “plazas fantasmas” y diversas anomalías administrativas en el CNR, Gobernación, ISSS, ex Secretaría Nacional de la Familia (SNF), Secretaría de la Juventud (SJ) y más que faltan… todo lo cual, de comprobarse que es lo más seguro, tirará por la borda la falsa imagen de “popularidad” del ex presidente Saca, ya sin la costosa publicidad y sin el enorme apoyo mediático, se perfila como un mal ejemplo de gobierno, contrario al pregón que sin sentido humano quiso ubicarlo como el mejor.

Fundadores, diputados y correligionarios de ARENA comparten la indignación de la población honesta de El Salvador. Para ellos, estas acciones no sólo han hecho mofa y vaciado el deprimido bolsillo de los salvadoreños honrados, sino que, algo que consideran muy importante, también contribuyó a la pérdida de las elecciones y a debilitar la fortaleza de su partido. ¿No es esa señal suficiente para entender que el asunto es grave, contra la dignidad de la Nación? Nada que ver, entonces, con una cacería de brujas ni mala intención y menos, intentos de desprestigiar a nadie. Si hay desprestigio, acaso sea auto desprestigio.
Hay tanto más, que los días irán despejando, únicamente con la intención de que la tranquilidad y armonía retornen a la población salvadoreña, tan necesitada de transparencia, participación ciudadana y rendición de cuentas. Cuentas claras, como conviene y debe hacerlo todo buen gobierno. Cuestión de esperar…

De Honduras. La noticia del golpe de Estado en Honduras, la madrugada del pasado domingo rompió con la paz social y política no sólo del hermano país, sino de Latinoamérica y del mundo. Independientemente de las razones, se ha puesto en riesgo la institucionalidad por una acción orquestada entre cúpulas de poder y las fuerzas armadas de Honduras, contra el presidente constitucional de la República, Manuel Zelaya. Independientemente también, de los sucesos hasta la hora de publicación de esta columna, es importante considerar algunos aspectos, que podrían pronosticar corta vida para los golpistas: 1. La dudosa justificación para el golpe y el trato violento e inhumano contra el presidente Zelaya, su familia, Gabinete y colaboradores; 2. Que no hay justificación ya para golpes de Estado en el Continente, por ser una regresión a las dictaduras militares; 3. El apoyo popular. 4. El rechazo de la Comunidad Internacional (OEA, Estados Unidos, El Salvador Venezuela…); es decir, que ningún país reconocerá al gobierno de facto, lo cual, consecuentemente, le significará desgastante y aniquilador aislamiento.

El ex presidente Francisco Flores reconoció de inmediato al gobierno de facto, producto del golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela, en 2004. Hoy, el Gobierno salvadoreño de Mauricio Funes, hizo lo contrario: desconoció de inmediato a los golpistas hondureños, como lo han hecho, con dignidad democrática, los restantes países del Continente y del mundo. ¡Solidaridad mundial hacia la real democracia!

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