La compra de voluntades: aberrante práctica contra la dignidad

La compra de voluntades en los partidos políticos para aumentar su membresía, no es una práctica nueva y, por lo mismo, tampoco es extraña. Viene desde lejanos tiempos y, de seguro, irá hasta lejanos días. Igual que la censura, puede ser una práctica abierta o encubierta, según los matices. Pero siempre, una práctica aberrante. Del nivel que sea, la compra-venta de voluntades es reprochable; porque, grande o pequeña, siempre será un atentado contra la dignidad, y ésta no tiene tamaño. Es o no es. Y como elemento de dos vías: tanto el comprador como el vendedor tienen responsabilidad compartida, en la falla o irrespeto a si mismos y a los demás. “Hechor y consentidor, pena igual”, dice la sabiduría popular; y “¿O cual es más de culpar/ aunque cualquiera mal haga:/ el que peca por la paga/ o el que paga por pecar?”, sentenció, preguntando, en sus redondillas Sor Juana Inés de la Cruz, hace cerca de 400 años.

La clase política salvadoreña de los últimos 20 años es “rica” en este tipo de experiencias. Una práctica con evidentes visos de interés personal y partidario, recrudecida en épocas eleccionarias. Todo mundo recuerda las “fugas” de la última década de ARENA al PCN y viceversa, o del PDC al PCN y viceversa. Y otras más censurables aún (PD-MR-FDR…), con visa múltiple actualmente hacia el partido de derecha, mismo que un día fue blanco de sus furibundos ataques. En algún caso, hasta se usó helicóptero para ir a sellar la compra; y siempre, alguna cantidad de dinero bajo la absurda justificación de que el partido dejado atrás “es cerrado” o “nunca ha apoyado las obras que benefician al pueblo”. Después de una militancia de muchos años en un partido, ahora resulta que ese partido “nunca ha respondido a los intereses del pueblo”; pero, resulta también que el pueblo ofendido, al que ya nadie engaña fácilmente, de inmediato percibe que es interés pecuniario y no otra cosa. Ningún interés de país, pero sí grandes intereses del partido del comprador y personales del “patriota” emigrante. Se equivocan los compradores de voluntades y los tránsfugas si creen que engañan con sus verdaderos propósitos. Intentan ignorar que la población lo sabe de sobra.

Hace unos diez años fueron muy frecuentes los “cambios de camisa”. Y algunos de aquellos “usuarios” siguen en la política con altos e inmerecidos cargos; satisfechos, además, de haber dado tan “trascendental paso”, que de no haberlo dado a lo mejor su situación sería un tanto precaria, como la que actualmente padece la mayoría de salvadoreños (104 mil nuevos pobres han surgido en El Salvador últimamente, dice informe del Programa Mundial de Alimentos- PMA. Pero, como siempre, el Gobierno lo niega y recurre a subterfugios nada creíbles). Acertada fue, pues, la decisión de cambiar de partido “para bien del país”.

No sorprende entonces que en estos días preelectorales, la compra de voluntades esté de nuevo en su apogeo. “PCN acusa a PDC de compra de voluntades”, titula noticia Diario Co Latino (octubre 3), y detalla: “El PCN acusó a dirigentes de la Democracia Cristiana, de intentar ‘sobornar’ y ‘compra de voluntades’ de alcaldes y candidatos del partido de las manitas”. “El diputado pecenista Mario Ponce –continúa Co Latino- junto a directivos y a personas aspirantes a alcaldes, denunciaron en conferencia de prensa los intentos de soborno de parte de personeros del PDC, en las últimas semanas”. Pero la respuesta del PDC no se hizo esperar: “son medidas desesperadas {del PCN}”, aseguró el secretario general y diputado Rodolfo Parker.

También, de manera abierta o encubierta, la compra de voluntades va más allá de la repesca para engrosar membresías de los partidos. En la Asamblea Legislativa, por ejemplo, sin necesidad de cambiar de partido, puede haber un voto disidente diz que “por convicción” o “porque los préstamos (deuda sobre deuda) son urgentes para el país”. Con increíble “patriotismo”, pero más con enorme rédito personal, el “patriota” disidente levanta la mano. Sin el estudio debido como en el caso del TLC, pero el voto va. Aplausos del partido oficial y seguidores. Y como diría el poeta Jorge Cornejo (+) “los periódicos a grandes titulares/ dirán que se salvó la patria”.

Entre acusaciones similares de los unos y el consiguiente “yo no fui” de los otros, sin duda la compra de voluntades seguirá, a pesar de las demandas de ética de la población indignada. Abolirla es una posibilidad muy lejana, porque para los dómines de la política la compra de voluntades es “parte del juego democrático”, no importa si con ello se da al traste y se sigue tirando por la borda la dignidad e inteligencia de los salvadoreños. “El fin justifica los medios”, dirán los políticos. Y todos tranquilos.

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