De injusticias, tragedias y desconsuelos.

Con la llegada de los vientos de octubre, llegan también los presagios navideños. Pero, no llega la luz al túnel en cuanto a signos de paz y bienestar para el pueblo salvadoreño. Sigue campeando, con ritmo creciente, la crisis de: violencia, desempleo, alto costo de la vida, corrupción… mientras la clase política vive ensimismada en procura de más dividendos y descalificado a sus adversarios políticos, aún dentro de su mismo partido; sobre todo, si los presagios son vientos de cambio y de derrota.

Ajenas a toda motivación partidaria, estas son Variaciones sobre el tema realidad nacional:

1. PREMIO MARIA MOORS CABOT 1994. Por imperativo profesional, un comentario: El 27 de octubre de 1994, la Universidad de Columbia, Nueva York, entregó al periodista salvadoreño Mauricio Funes y a otros del continente, el Premio Internacional de Periodismo María Moors Cabot 1994, versión No. 56. Yo estuve ahí. Y doy fe de un acto de gran altura académica, sobrio, sin escandaladas cursi como, a veces, se estila por aquí, cuando se obtienen mínimos y parciales diplomas. Funcionarios y diplomáticos salvadoreños acreditados en NY, estuvieron presentes en la Universidad de Columbia, con evidente regocijo patrio. Por eso, por la honestidad que exige el periodismo profesional, este comentario ratifica la convicción de que el Premio Moors Cabot no es simple regalía; antes bien, legitima una labor profesional del periodista con proyecciones universales, al tiempo que niega arreglos o componendas. Desvirtúa toda aseveración de parcialismo; por tanto, no puede favorecer a periodistas de la insurgencia y, menos, de la contrainsurgencia. Antes que Funes, sólo Jorge Pinto (Diario Latino) y José Dutriz (LPG) lo habían obtenido. Periodistas galardonados fundamentalmente por su capacidad e imparcialidad. Es imperativo reconocer, pues, el valor de aquella distinción al periodista Mauricio Funes, que hoy, por la posición cimera en la que lo ha colocado su profesionalismo, es objeto de ataques virulentos para desprestigiarlo, tanto de adversarios políticos como de algunos periodistas. Quizás obedezcan a motivaciones políticas y no al protagonismo fabulado de la zorra y las uvas. Este comentario es por justicia y solidaridad, nada que ver con intereses personales, de lo cual, estoy seguro, pueden dar fe funcionarios y periodistas honestos que conocen mi trayectoria profesional. Negarlo sería imperdonable malicia.

2. Y DALE CON LAS INJUSTICIAS ¿Cómo hablar de libertad en el país, cuando la verdad es sometida al escarnio y al peligro vital? Y ¿cómo entender la fe cristiana, y cómo intentar promoverla cuando, al igual que al Maestro, por decir la verdad se nos priva del derecho al trabajo y hasta del derecho a la vida? Es fácil, pues, entender la causa de la muerte de Monseñor Romero. Así, contra todo principio de verdad y justicia, David Morales, leal, honesto y eficiente abogado de Tutela Legal del Arzobispado, ha sido destituido. Y, sobre justificaciones y replanteamientos, la verdad es una: David Morales, ciudadano ejemplar y excelente poeta, ha sido y es, contra todo riesgo, verdadero defensor de los Derechos Humanos y, dentro de eso, de la causa auténticamente humana y cristiana que, en nombre del verdadero pueblo de Dios, demanda justicia por el asesinato de Monseñor Romero. Ya era David piedra en el zapato para muchos. Y ahora, ante la posición gubernamental de negarse a cumplir las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y las “negociaciones” Estado-Iglesia, Morales denunció los verdaderos aspectos de las “negociaciones”, evidenciando que, según expresó en conferencia de prensa, “no representan a toda la Jerarquía Católica, ni a la Iglesia y menos al pueblo de Dios que, por el contrario, exige transparencia hacia el esclarecimiento del asesinato de Monseñor Romero”, cuya realidad no puede ser negociable. No, aunque se maticen las negociaciones. Todo caería en ilegitimidad jurídica. Mientras David Morales, con total satisfacción por su “lealtad a la Familia Romero, a la Iglesia y al pueblo de Dios”, se va al desempleo, millares de compatriotas le tienden su mano solidaria, por su heroica coherencia humana y cristiana. Yo, también.

3. MAS LUTO, AQUÍ Y ALLA. Y ¿cómo espantar la noche del desconsuelo? Apesarado e impotente, el pueblo salvadoreño sufre tragedia tras tragedia. Además de los tantos asesinatos diarios, en los últimos días, 4 tragedias son muestra de desconsuelo agobiante: a) un bus con grandes desperfectos, repleto de humildes trabajadores, vuelca con saldo de muertes y heridos; b) mueren 22 salvadoreños en naufragio en costas mejicanas, mientras iban tras el “sueño –pesadilla- americano”; c) en Santiago Nonualco, un niñito de 11 años se suicida. “Suponen que estaba deprimido porque su abuela se lo llevaría a EEUU” (EDdeH, octubre 21); y d) Francisco N, de 49 años, falleció en Centro Urbano Candelaria “luego de lanzarse {6 pisos} del apartamento donde residía con sus tíos”. Sin culpables específicos, nada es ajeno a la realidad de dolor y muerte que sufre el país.

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