Censura, autocensura y pseudoperiodismo.

En diciembre de 1986, durante la Primera Conferencia Latinoamericana de Periodistas y Cuarto Congreso Latinoamericano de Prensa, realizados en Caracas, Venezuela, los participantes, periodistas todos venidos de países latinoamericanos, discutimos temas específicos relacionados con la censura, la autocensura y el pseudo periodismo.

Interesantes todas, las ponencias y la relación de la misión/visión de cada país evidenciaron similitud en los diversos aspectos negativos: cierre arbitrario de las fuentes informativas; prepotencia y violación a la libertad de expresión por parte de funcionarios; bajos salarios; y problemas de censura, autocensura y pseudo periodismo, entre otros. Sin embargo, también destacaron los aspectos positivos: profesionalismo y capacitación, intentos de unidad gremial, y sobre todo los evidentes signos de modernización y actualización técnicas. Como resultante de todos los congresos, la declaración final de entonces, suscrita por todos los participantes, señaló el compromiso de buscar, individual y colectivamente, la superación del ejercicio periodístico latinoamericano: unidad gremial, estabilidad laboral, solidaridad profesional y capacitación integral.

Han pasado más de 20 años y aquellas buenas intenciones e intentos reivindicativos del periodismo latinoamericano, siguen en pie. En el caso particular de El Salvador, si bien son evidentes los procesos de modernización y avances técnicos, así como elevados índices de profesionalismo, las fallas que en aquella ocasión analizamos en Caracas, y que se han denunciado también en distintos tiempos y lugares, siguen como estáticas y, algunas veces, hasta pareciera que sufren retrocesos. Persiste el sesgo informativo y de la opinión a favor de grupos o sistemas económicos y de poder, mientras, con las apreciables excepciones de toda regla, los periodistas se suman a ello, con peligro de traspasar el lindero exacto del auténtico servicio. Con el agravante ahora para los que promueven esas fallas, que es la sociedad civil, otrora indiferente o desinformada, la que está exigiendo, aunque sin lograrlo todavía, el ejercicio capaz y honesto del periodismo, con veracidad y oportunidad. La población, más allá del sólo respeto a la libertad de expresión: (Art. 6 Cn. : “Toda persona puede expresar y difundir libremente sus pensamientos siempre que no subvierta el orden público, ni lesione la moral, el honor, ni la vida privada de los demás…”), exige el Derecho a la Información: derecho que irrestrictamente faculta a la sociedad a estar debida y oportunamente informada. Un alcance que va mucho más allá del trabajo periodístico. Con su vigencia no habría más “documentos privados” o “en reserva” de los funcionarios, para evitar que la ciudadanía les demande el conocimiento exacto de su ser y quehacer.

Censura, autocensura y pseudo periodismo

En El Salvador persiste la censura o “examen de noticias y escritos hecho por el censor” (censor: “el que, en función gubernativa, examina los escritos derivados de la publicidad e interviene las comunicaciones”); es decir, la intervención oficial para permitir o no una publicación, en cualquier medio de comunicación social. La censura se da de manera encubierta o abierta, según sean el tipo de exigencia del censor y el nivel de riesgo para el periodista: desde la simple amonestación o advertencia privada hasta la posibilidad de un daño mayor, como intervención o cierre del medio y, en el peor de los casos, riesgo de daño personal al comunicador. Las acciones más visibles o abiertas contra los medios se evidencian en: cierre de las fuentes, negación de publicidad, y otras amenazas económicas o demandas jurídicas que los desgastan públicamente. Esta es la manera más frecuente de los gobiernos impopulares de América Latina de amedrentar u obligar a algo a medios y periodistas; y, en el peor de los casos, se presta también para enajenar conciencias, mediante la compra venta de informaciones/opiniones. Y, con toda seguridad, El Salvador no es la excepción. También persiste, como variante de la censura, la autocensura: el medio o el comunicador deciden no publicar tal información/opinión, aunque sea de alto interés general, para evitarse riesgos peores que les afecten en lo personal, económico y político. Es la actitud más frecuente, concatenada, por similitud de acciones, con la censura.

En ese orden también, se da el pseudo periodismo, tan en boga desde siempre por estas y otras latitudes. Cuando falta regulación o hay vacíos legales para controlar el ejercicio periodístico, éste se vuelve más vulnerable. Cualquiera se dice periodista. Basta un nivel educativo aceptable, alguna práctica y aspiraciones en este campo, y ya está. Y con identificaciones apócrifas o de dudosa procedencia, se vuelven “representantes” de este o aquel medio o miembros de tal o cual asociación periodística. Hace falta, como existen en otros países, un Colegio u otro ente regulador profesional para calificar y dar el aval para que los medios contraten a personas idóneas. Eso garantiza a los medios mismos y, especialmente, a la sociedad que ese profesional de las comunicaciones tiene capacidad, está autorizado y, además, es ético. Un empresario de las comunicaciones no debe, sólo por el simple hecho de ser empresario, autonombrarse periodista; tampoco debe hacerlo alguien sólo por “haber pasado mucho tiempo entre los medios”, o sólo por conocer y haber desempeñado tangencialmente alguna de las funciones de la vasta Ciencia de la Comunicación, o por no poseer el título académico correspondiente. Quizás pueda, pero no debe hacerlo. Y sin embargo ahí están. Y ahí seguirán. Otro aspecto: En épocas no lejanas, periodistas empíricos, con auténtica vocación y espíritu de servicio, ejercieron excelente periodismo; y no sólo eso, también fueron maestros sin título de muchas de las generaciones actuales, que ahora están obligadas a la profesionalización, habida cuenta de que ya existen universidades o centros de enseñanza superior especializados. De aquel periodismo empírico se nutre el actual; desde luego, con el mejoramiento integral que facilitan los avances técnico-científicos y, desde luego, la profesionalización.


Avances, estancamientos, retrocesos

Como en toda área del quehacer humano, el periodismo siempre mostrará siempre avances, estancamientos y retrocesos, sin que resulte fácil la tarea, como en las Matemáticas, de cuantificarlos exactamente. De los dos primeros hay evidencia, tal como se ha expresado, de logros muy notorios, tanto en recursos humanos como físicos, que reflejan pasos de vanguardia en el contexto centroamericano y hasta de Latinoamérica. Y resultaría injusto omitir que, por las expectativas que ofrece el escenario periodístico, hay prometedores indicios de seguir contribuyendo a su mejoramiento, en beneficio de la colectividad.

De los retrocesos, parecería contradictorio decir que existen. Y es que, en realidad, casi no los hay. Sin embargo, por principio y equidad, hay que referirse a uno en especial, si es que interesa que la población otorgue o devuelva a los medios y periodistas la credibilidad que, en algunos casos, se ha perdido o se está perdiendo. Caso concreto: los periodistas que antes lucían con orgullo la distinción de “enviados especiales”, ahora lo pierden al convertirse en “invitados especiales”. Desde hace unos dos o tres períodos presidenciales, las comitivas oficiales al exterior se ven enriquecidas con periodistas de “los principales medios”. Sí, “invitados del señor presidente” a todas sus giras internacionales (ya son conocidos los medios y periodistas enlistados); y así, ¿qué periodista puede, con propiedad, informar a su regreso “lo bueno, lo malo y lo feo” de la gira? ¿Quién por lealtad al que invita y le hace parte de su comitiva va a venir a contarnos lo que “no se debe”? ¿Acaso, no es cierto que, por simple imagen, no resulta nada grato ver las comitivas de periodistas y funcionarios en amistoso convivio (la amistad no es mala, pero fuera del Periodismo), durante el viaje y la estadía? ¿No hace suponer que todos son parte de la comitiva como invitados? Las recientes giras presidenciales dan fe a estas observaciones mías (observaciones ciudadanas y profesionales, no políticas): todos los medios “de aquí” hacen despliegue de lo exitoso de las giras presidenciales y de funcionarios. Sin embargo, sin negarles algún logro y aparte también de los gastos exorbitantes contra los fondos públicos, los encuentros o visitas no tienen “ni la más mínima acogida por parte de los medios de cada país visitado” (frases de un periodista salvadoreño desde Washington). Entonces, de cuál realidad/credibilidad estamos hablando…? Pero, esta práctica, a todas luces impropia e inconveniente para el feliz desarrollo del periodismo, su veracidad y credibilidad, de seguro continuará, mientras el pueblo no demande más respeto a su dignidad y a su inteligencia.

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Una respuesta to “Censura, autocensura y pseudoperiodismo.”

  1. Asi como la droga y la caca son malas de por si no deben darse a humanos a ninguan hora del dìa.

    Que responsabilidad tendran aquellos que siembran el mal en las personas y tienen un canal para hacerlo.

    Ojalà prime la cordura, la limpieza de corazon y la razòn.

    IUF

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