Elegía mientras observo un retrato.

En el 10 de mayo, Día de la Madre salvadoreña.

ELEGIA MIENTRAS OBSERVO UN RETRATO

A Ana Olivia, por los que
le vieron y no le conocieron…*

Como todas las tardes vuelves

desde la repisa al corazón

Tocas mi alma mis cavidades hondas

me amas de nuevo

con tu lumbre de canto y tu frescura de agua

con tu manera infinita de amar

 

Hoy vuelve tu miel

Descalza me camina simple y sencilla

sin rodeos como tú a la hora del consejo

-aquel que nunca oí, evocación tardía-

o tu insistente mirada hasta mi asombro

 

Recuerdo nuestra marcha

contra las horas enemigas

sin el atisbo siquiera de una lágrima

Tu lucha infinita tu viento de pájaros

empujando mil ciudades desafiando al destino

con los puños y el alma

 

Me hirieron de golpe tus pesares

Entendí por qué tu voz era más voz

tu grito irrenunciable y desinteresado

entre alba y niebla contra mitos y traiciones

El perdón de la otra mejilla hacia los otros

los que nunca fueron tuyos

los que al negarte tres veces

negaron a tu alma

su eterna vigencia entre los astros

 

Impredecibles los seres muy cercanos

ajenos a tu mies y su cosecha

sus manos haciendo jirones tu mortaja

sus pasos grises como escarcha en llamas

quemando tu mano fresca que calmó su sed

la palabra odio contra el vino y la poesía

que valiente te negaste a proferirme

 

Tu fe nunca fue fruta de sabor extraño

por eso odié tu agonía fatal el día salvaje

en que herido de muerte emigró tu corazón

Como lágrima sola mi alma quedó sola

 

Recuerdo tu último rezo tu voz tenue

y el crucifijo en el cuenco de tu mano

“Voy con Dios” dijiste

y tu boca se hacía más clavel

cuanto más azucenas se volvían tus mejillas

Era tu adiós mi cuasi muerte

 

La vida -tren sin estaciones- me llenó de inviernos

El tiempo fue marcando horarios de distancia

los malos ritos agoreros articularon insomnios

y como hidra cruel su cabezal mortífero

devino en odio de los unos a los otros

 

Por eso

asumí tu lucha frontal contra el silencio

hablé ante los muros y las sombras

reclamé por los gritos desoídos

al clamor de justicia a tu memoria

y acepté la soledad cargada de misterios

Era preciso entender y que otros entendieran

que la libertad es posible únicamente

cuando se rompen de un tajo las cadenas

y no cuando se logra acostumbrarse a ellas

 

Madre

siempre te pediré que vuelvas

desde la repisa al corazón

jovial y simple como el pan

con tu sonrisa afable

para construir bullicios

en mis soledades y ausencias

en mis días de llanto y de vastas canciones

 

Madre

con todo a mi favor y sin embargo

reclamo tu presencia

 

Me colman de de cariños una hoguera inmensa

y la abundancia de nuestro polen repartido

 

Pero reclamo tu presencia

 

Estoy herido sin ti

me duele cada poro y su nostalgia

se me nubla cada párpado y su sangre

se desmorona toda resistencia

y ya no puedo contra los recuerdos

 

–*–

* Ana Olivia Urbina de Orellana,
mujer y maestra rosarina, amó
con fe a su pueblo y a su gente.

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