Elegía mientras observo un retrato.
A Ana Olivia, mi madre,
por los que le vieron
y no le conocieron… *
Renán Alcides Orellana
Como todas las tardes vuelves
desde la repisa al corazón
Tocas mi alma mis cavidades hondas
me amas de nuevo
con tu lumbre de canto y tu frescura de agua
con tu manera infinita de amar
Hoy vuelve tu miel
Descalza me camina simple y sencilla
sin rodeos como tú a la hora del consejo
-aquel que nunca oí, evocación tardía-
o tu insistente mirada hasta mi asombro
Recuerdo nuestra marcha
contra las horas enemigas
sin el atisbo siquiera de una lágrima
Tu lucha infinita tu viento de pájaros
empujando mil ciudades desafiando al destino
con los puños y el alma
Me hirieron de golpe tus pesares
Entendí por qué tu voz era más voz
tu grito irrenunciable y desinteresado
entre alba y niebla contra mitos y traiciones
El perdón de la otra mejilla hacia los otros
los que nunca fueron tuyos
los que al negarte tres veces
negaron a tu alma
su eterna vigencia entre los astros
Impredecibles los seres muy cercanos
ajenos a tu mies y su cosecha
sus manos haciendo jirones tu mortaja
sus pasos grises como escarcha en llamas
quemando tu mano fresca que calmó su sed
la palabra odio contra el vino y la poesía
que valiente te negaste a proferirme
Tu fe nunca fue fruta de sabor extraño
por eso odié tu agonía fatal el día salvaje
en que herido de muerte emigró tu corazón
Como lágrima sola mi alma quedó sola
Recuerdo tu último rezo tu voz tenue
y el crucifijo en el cuenco de tu mano
“Voy con Dios” dijiste
y tu boca se hacía más clavel
cuanto más azucenas se volvían tus mejillas
Era tu adiós mi cuasi muerte
La vida -tren sin estaciones- me llenó de inviernos
El tiempo fue marcando horarios de distancia
los malos ritos agoreros articularon insomnios
y como hidra cruel su cabezal mortífero
devino en odio de los unos a los otros
Por eso
asumí tu lucha frontal contra el silencio
hablé ante los muros y las sombras
reclamé por los gritos desoídos
al clamor de justicia a tu memoria
y acepté la soledad cargada de misterios
Era preciso entender y que otros entendieran
que la libertad es posible únicamente
cuando se rompen de un tajo las cadenas
y no cuando se logra acostumbrarse a ellas
Madre
siempre te pediré que vuelvas
desde la repisa al corazón
jovial y simple como el pan
con tu sonrisa afable
para construir bullicios
en mis soledades y ausencias
en mis días de llanto y de vastas canciones
Madre
con todo a mi favor y sin embargo
reclamo tu presencia
Me colman de cariños una hoguera inmensa
y la abundancia de nuestro polen repartido
Pero reclamo tu presencia
Estoy herido sin ti
me duele cada poro y su nostalgia
se me nubla cada párpado y su sangre
se desmorona toda resistencia
y ya no puedo contra los recuerdos.
* Ana Olivia Urbina de Orellana,
mujer y maestra rosarina, amó
con fe a su pueblo y a su gente.
Originalmente subido aquí.
mayo 11, 2011 a 9:07 am
La belleza tiene muchas formas. He aquí una de ellas. Estos versos destilan encanto, esta Elegía va para mi selección de obras magistrales. Canta el poeta con la voz del alma.
“Tu fe nunca fue fruta de sabor extraño
por eso odié tu agonía fatal el día salvaje”
Y ellos tienen un fe que yo no sé de dónde nace. Fe que no tengo, no sé si por joven o por infiel.
Belleza pura.
agosto 17, 2011 a 12:11 pm
Increible Renán, me provocas:
Ojos miel,
endulzan tus pupilas,
empalagarse con ellos
es enternecer cuerpo y alma
sin final ni medida,
dormir en el regazo
de tu estirpe, madre mía
trascender la nostalgia
de tu presencia viva.